Bajas por el costado
de este camino verde y callado,
acorralados tus pasos lentos
por el maizal.
Dejas toda la escarcha
detrás del monte de las calandrias,
para quedarte
bordando un verso en el pedregal.
Llegas desde la aurora
rondando cardos, bajos y lomas,
siguiendo al viento
llegando lento a mi corazón.
Arroyito campero
que traes cantando todo lo bueno,
dile que espero
verla de nuevo en el arenal.
Y por si acaso un verso
queda temblando entre sus cabellos,
quizás un viento sereno y fresco
la haga cantar.
Llegas desde la brisa
de esta guitarra hecha de cenizas,
sembrada en cantos
entre los campos de la canción.
He dejado en la orilla
del agua clara de las cuchillas,
todo el costado acorralado del corazón.
Otra vez me he quedado
con estos versos entre las manos,
y mi alma errante
buscando un cause para seguir.
de este camino verde y callado,
acorralados tus pasos lentos
por el maizal.
Dejas toda la escarcha
detrás del monte de las calandrias,
para quedarte
bordando un verso en el pedregal.
Llegas desde la aurora
rondando cardos, bajos y lomas,
siguiendo al viento
llegando lento a mi corazón.
Arroyito campero
que traes cantando todo lo bueno,
dile que espero
verla de nuevo en el arenal.
Y por si acaso un verso
queda temblando entre sus cabellos,
quizás un viento sereno y fresco
la haga cantar.
Llegas desde la brisa
de esta guitarra hecha de cenizas,
sembrada en cantos
entre los campos de la canción.
He dejado en la orilla
del agua clara de las cuchillas,
todo el costado acorralado del corazón.
Otra vez me he quedado
con estos versos entre las manos,
y mi alma errante
buscando un cause para seguir.
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