Ana Laura Vega
Poeta recién llegado
Recuerdo con el eco de cada mañana
el ríspido junco de mi delirio,
perpetuando aquella imagen;
frágil, intangible y agonizada,
del clavel blanco de tu dermis muerta,
de la implacable sombra con filo
donde todo se pierde,
y el palpitar se extingue.
Converso con los fulgores
que recorrían tus cabellos castaños,
sobre las dunas blancas
que prevalecían en las horas.
Aún retengo tu olor a bergamota fresca,
inundado con suspicaz desvelo
mis labios y su respirar pausado.
Será inmortal el camino de tu sangre,
porque no desaparece
en el umbral del respiro,
y aunque quedará
la mueca absurda de una vida,
te confieso que he de soñarte
existiendo completa cada noche.
2012 (A bety).
el ríspido junco de mi delirio,
perpetuando aquella imagen;
frágil, intangible y agonizada,
del clavel blanco de tu dermis muerta,
de la implacable sombra con filo
donde todo se pierde,
y el palpitar se extingue.
Converso con los fulgores
que recorrían tus cabellos castaños,
sobre las dunas blancas
que prevalecían en las horas.
Aún retengo tu olor a bergamota fresca,
inundado con suspicaz desvelo
mis labios y su respirar pausado.
Será inmortal el camino de tu sangre,
porque no desaparece
en el umbral del respiro,
y aunque quedará
la mueca absurda de una vida,
te confieso que he de soñarte
existiendo completa cada noche.
2012 (A bety).
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