“Quiero jugar para siempre,
a las casitas contigo.
Preparar la comidita
con cuatro granos de trigo,
un poco de barro blanco
Y alguna hoja de olivo.
Cuidaré de tus muñecas,
empujaré su carrito;
cuando llueva taparé
tus cabellos con mi abrigo.
Me pagaste con un beso,
en la mejilla;
de amigos.
Un instante es para siempre
no hay tiempo para medirlo.
Corrimos entre los lirios
de la vereda del rio,
jugando a la escondida
encontramos a Cupido.
Así es la vida que gira
siempre en el mismo sentido.
Ayer te vi por la calle
con tus nietos y tus hijos.
Tú no me reconociste.
Cuando fui a saludarte
aún llevabas el colgante
que te regalé por fiestas
un domingo en el baile.
“Quiero jugar para siempre
A las casitas contigo”
Te susurré al oído
y tus pupilas crecieron;
se hicieron fruto de olivo.
En la mejilla me diste
un beso de esos de amigo.
Con la dulzura del tiempo
y la suavidad del niño.
Dijiste:
“No puedo ahora;
será mañana, mi amigo.
Yo llevaré el barro blanco,
tú puedes traer el trigo,
no te olvides por si acaso
de ponerte el abrigo,
dicen que en la eternidad
a veces nievan suspiros".
Nos marchamos cada uno
siguiendo nuestro destino.
Hemos quedado mañana
a jugar,
entre los lirios.
a las casitas contigo.
Preparar la comidita
con cuatro granos de trigo,
un poco de barro blanco
Y alguna hoja de olivo.
Cuidaré de tus muñecas,
empujaré su carrito;
cuando llueva taparé
tus cabellos con mi abrigo.
Me pagaste con un beso,
en la mejilla;
de amigos.
Un instante es para siempre
no hay tiempo para medirlo.
Corrimos entre los lirios
de la vereda del rio,
jugando a la escondida
encontramos a Cupido.
Así es la vida que gira
siempre en el mismo sentido.
Ayer te vi por la calle
con tus nietos y tus hijos.
Tú no me reconociste.
Cuando fui a saludarte
aún llevabas el colgante
que te regalé por fiestas
un domingo en el baile.
“Quiero jugar para siempre
A las casitas contigo”
Te susurré al oído
y tus pupilas crecieron;
se hicieron fruto de olivo.
En la mejilla me diste
un beso de esos de amigo.
Con la dulzura del tiempo
y la suavidad del niño.
Dijiste:
“No puedo ahora;
será mañana, mi amigo.
Yo llevaré el barro blanco,
tú puedes traer el trigo,
no te olvides por si acaso
de ponerte el abrigo,
dicen que en la eternidad
a veces nievan suspiros".
Nos marchamos cada uno
siguiendo nuestro destino.
Hemos quedado mañana
a jugar,
entre los lirios.