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Para ti

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Yendo hacia el cementerio me preguntas
qué otras personas han muerto.
Llego hasta dark Street y apartas los ojos.
Caminando bajo estos árboles sonrientes
llevas bajo el brazo tu almohada rosa, y tus
piernas cortas, enfundadas en ropa de dormir
transforman tu sombra en unas tijeras
que no cortan nada en la acera, solo en en mi mente.
De pronto me dices que todos los durmientes allí son frutas secas y podridas.
Cascaras vacias, cuerpos sin alma, un arbol sin fruto...
Y todo porque ya no tienen amor.
Todos prefieren coger limones porque son pequeños.
Las bananas, dices, son los guardias.
En tus ojos veo risas de naranjas, y
complot de manzanas.
Todos, dices, tienen brazos y piernas sombrias
y las sandias son a veces tardías.
Son torpes y gordas.
Como yo, dices.
Podría decirte muchas cosas, pero mejor no, no lo mereces.
Los niños sandía no saben abrocharse los zapatos;
se lo hacen las fresas.
O cómo te robo la cara...
te la robo, y la llevaré en lugar de la mía.
Pero sobre la mía se gasta enseguida y se vera la falsedad.
Lo hare por estirarla ja ja ja ja.
Podría decirte que morir es un arte
que aprendo deprisa y tu tambien lo haras.
Creo que en ese cementerio ya has
elegido tu propia lapida
y empezado a escribir tu nombre.
Supongo que entre ahora y luego, podríamos
algún día hacer fiestas y llevarte a Dark Street
y yo aparcaría bajo la lluvia sombria de abril
y miraríamos cómo una banana acompaña a la última sandía,
retrasada, a través de ese portal.

Que muchos cruzamos para no volver...
 
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