Sr. Brausen
Poeta recién llegado
Afuera, al vislumbrar, en la ventana
se expande el vértigo geométrico,
el paro, el quieto sudor, el signo
fraccionado hasta el extremo que rasga
los lindes del exterminio de la idea.
Dan ganas de zumbar como las moscas
sucumbido ya el héroe entre los pasos
y siendo, también, quizás, desde Hiroshima
la tierra un páramo sin cúspides, dan ganas
de romper en sollozos para adentro.
Cierta belleza, sin embargo, permanece
--como el lento marchitarse de la flor--
en lo grisáceo, lo plúmbeo, lo hollinoso
del ladrillo cuando llueve y tiemblo.
Cierta dulce, instantánea belleza
en lo trágico, lo triste, lo trémulo
atribula el alma y la sostiene.
se expande el vértigo geométrico,
el paro, el quieto sudor, el signo
fraccionado hasta el extremo que rasga
los lindes del exterminio de la idea.
Dan ganas de zumbar como las moscas
sucumbido ya el héroe entre los pasos
y siendo, también, quizás, desde Hiroshima
la tierra un páramo sin cúspides, dan ganas
de romper en sollozos para adentro.
Cierta belleza, sin embargo, permanece
--como el lento marchitarse de la flor--
en lo grisáceo, lo plúmbeo, lo hollinoso
del ladrillo cuando llueve y tiemblo.
Cierta dulce, instantánea belleza
en lo trágico, lo triste, lo trémulo
atribula el alma y la sostiene.