GABRIEL GUILLERMO
Poeta recién llegado
Un paraguas narcisista
te cubre la culpa,
te aísla de los grandes pecados capitales
y de esos otros,
los mortales pequeños, mínimos,
los que todavía parecen inocentes,
como si no dolieran,
los que jurás no haber cometido.
Sobre tu soberbio paraguas,
seco en medio del diluvio,
caen culpas,
agua espesa,
pecados pesados,
de los que ningún
sacerdote bien pago
se atrevería a absolver
—ni tampoco a confesar—.
Caminás convencido
de estar a salvo,
que el agua culpable
siempre cae sobre otros.
Pero la lluvia
no pide permiso,
no cree en intermediarios.
Y al final de cada día
el paraguas, cerrado,
descansa satisfecho,
mientras
por dentro
sigue lloviendo la culpa
que encuentra grietas,
se filtra,
y no pregunta.
G.G.G.
MAYO/2026