He levantado una muralla infranqueable,
hecha de pedazos de desencanto.
Pero aún guardo tu recuerdo envuelto en la noche
y siento cómo el cosquilleo de tus dedos
recorre mi desnudez absoluta.
Todavía bebo de ese licor que me dejaron tus besos
antes de partir hacia una nada adornada de juegos.
Las luciérnagas no han dejado de brillar.
Sin embargo, las noches son más frías sin tu existencia.
Y es que dejaste tanto dentro de mí
que, aun queriéndolo, me cuesta desprender tus huellas
y arrojarlas al abismo que corresponde.
En los días nublados cierro los ojos y te busco en el silencio,
en esas pequeñas cosas que tanto nos importaban,
y me aterro cuando siento cómo mi corazón galopa
al recordar los instantes ya vividos,
porque tengo la sensación de que el tiempo se detuvo,
gozoso, en una primavera que no dejó florecer.
No me reconforta saber que recorres los mismos valles,
condenándote por esa locura que araña tus entrañas
cuando llegas a las puertas de un paraíso
que para ti siempre estará yermo.
Anira
Última edición: