Llevado por las olas
quiero en tus arenas
embarrancar,
que la pena,
la ansiedad que me ronda,
se deshaga en el calor de tu piel,
en tu aroma a azahar.
Sé mi puerto
que la bienvenida
a casa me da,
que una sonrisa me ofrezcas,
abierta,
en total complicidad.
¡Oh, mi amor!
Que abres cielos
con sólo un chascar de dedos,
que como a una bestia me domas,
a este hombre,
fatuo y vano,
que se batía con los truenos,
que únicamente atención prestaba
a su propio palpitar,
al que el mundo daba igual.
Mi destino era lo oscuro,
lo tortuoso,
que se arremolina
en una cabeza perdida
que no encuentra salvavidas.
Pero, tú,
surgiste como lucero creciente
en noche de nubarrones llena
y los dispersaste con tu melodía
cargada de verdad,
rebosante
de inocente ternura.
Me hundí,
sin resistencia alguna,
en tu oración de paz,
que susurraste en mis oídos,
hasta que el infierno tumultuoso,
que en mi interior combatía,
fue apagándose
cual vela agitada
por huracán inesperado y hermoso.
Labios sabor cereza;
ojos aguamarina,
mi bálsamo;
vergel que entregas
con tus besos salidos
de cuento fantástico.
Arrástrame a tu paraíso,
recóndito y cálido,
donde el sol
se alza y se pone
bajo tu dulce mandato.
quiero en tus arenas
embarrancar,
que la pena,
la ansiedad que me ronda,
se deshaga en el calor de tu piel,
en tu aroma a azahar.
Sé mi puerto
que la bienvenida
a casa me da,
que una sonrisa me ofrezcas,
abierta,
en total complicidad.
¡Oh, mi amor!
Que abres cielos
con sólo un chascar de dedos,
que como a una bestia me domas,
a este hombre,
fatuo y vano,
que se batía con los truenos,
que únicamente atención prestaba
a su propio palpitar,
al que el mundo daba igual.
Mi destino era lo oscuro,
lo tortuoso,
que se arremolina
en una cabeza perdida
que no encuentra salvavidas.
Pero, tú,
surgiste como lucero creciente
en noche de nubarrones llena
y los dispersaste con tu melodía
cargada de verdad,
rebosante
de inocente ternura.
Me hundí,
sin resistencia alguna,
en tu oración de paz,
que susurraste en mis oídos,
hasta que el infierno tumultuoso,
que en mi interior combatía,
fue apagándose
cual vela agitada
por huracán inesperado y hermoso.
Labios sabor cereza;
ojos aguamarina,
mi bálsamo;
vergel que entregas
con tus besos salidos
de cuento fantástico.
Arrástrame a tu paraíso,
recóndito y cálido,
donde el sol
se alza y se pone
bajo tu dulce mandato.