Rostros, que vagan por la atmósfera
-mi blanca esfera caliente-
y explotan. Rostros que explotan:
es lo que salgo a ver,
al menos detrás del cristal,
enrollado en mis piernas,
helándome como si fuera el invierno
mi compañero de cuarto.
Afuera está el sol, agita los globos carnosos
y por ello revientan.
Amo y extraño el trueno espeluznante,
la tragedia gloriosa, el gran espectáculo;
pasado en mi mente, parásito en la cavidad inmunda
de mis oídos;
pasado que explota allá afuera,
y yo tentado de abandonar la postura,
descongelar los brazos y las piernas.
Me muevo,
y el cristal va conmigo,
me protege hasta el infinito de los humores
que aquellos bárbaros sucesos malgastan.
Muere la tentación, retorno al capullo humano.
Amo mi pasado, el escándalo,
me amo allí, acurrucado,
y desde lejos me satisfago
con el cruel reventar de los globos,
bajo el sol que lo enciende todo.
-mi blanca esfera caliente-
y explotan. Rostros que explotan:
es lo que salgo a ver,
al menos detrás del cristal,
enrollado en mis piernas,
helándome como si fuera el invierno
mi compañero de cuarto.
Afuera está el sol, agita los globos carnosos
y por ello revientan.
Amo y extraño el trueno espeluznante,
la tragedia gloriosa, el gran espectáculo;
pasado en mi mente, parásito en la cavidad inmunda
de mis oídos;
pasado que explota allá afuera,
y yo tentado de abandonar la postura,
descongelar los brazos y las piernas.
Me muevo,
y el cristal va conmigo,
me protege hasta el infinito de los humores
que aquellos bárbaros sucesos malgastan.
Muere la tentación, retorno al capullo humano.
Amo mi pasado, el escándalo,
me amo allí, acurrucado,
y desde lejos me satisfago
con el cruel reventar de los globos,
bajo el sol que lo enciende todo.