Belbet
Poeta recién llegado
No conocí París, el del bullicio,
ni el de " La Belle Epoque", glamour primero.
Cuando la moda despuntaba el vicio
nostalgico y hermoso del sombrero.
Mi mente solo guarda algún indicio,
que revela la historia con austero
color, de algún lejano maleficio
que enloqueció a París con agorero
paisaje de alegrías y desquicio.
Y en la filosofía del somero
arte de guardar culpas y cilicio,
profanó el sentimiento verdadero.
Solo imagino, con fulgor ficticio,
La mesa en que Lautrec con gran esmero
esbozaba la cara del suplicio,
disfrazada con traje dominguero.
Se me hace que detras de los oficios
de aquella sociedad, hubo un enero
de plena confusión y sacrificio
en que el dolor se perfiló primero.
No conocí París , pero acaricio,
la idea de que pudo ser postrero
y anterior, el tiempo es un reinicio
que se mueve en un cíclico agujero.
Quizas ayer despertaré en el Sena,
Y mañana diré que ha sido un sueño...
ni el de " La Belle Epoque", glamour primero.
Cuando la moda despuntaba el vicio
nostalgico y hermoso del sombrero.
Mi mente solo guarda algún indicio,
que revela la historia con austero
color, de algún lejano maleficio
que enloqueció a París con agorero
paisaje de alegrías y desquicio.
Y en la filosofía del somero
arte de guardar culpas y cilicio,
profanó el sentimiento verdadero.
Solo imagino, con fulgor ficticio,
La mesa en que Lautrec con gran esmero
esbozaba la cara del suplicio,
disfrazada con traje dominguero.
Se me hace que detras de los oficios
de aquella sociedad, hubo un enero
de plena confusión y sacrificio
en que el dolor se perfiló primero.
No conocí París , pero acaricio,
la idea de que pudo ser postrero
y anterior, el tiempo es un reinicio
que se mueve en un cíclico agujero.
Quizas ayer despertaré en el Sena,
Y mañana diré que ha sido un sueño...
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