Norainu
Poeta fiel al portal
Paris.
Héctor ha caído, se oyen gritos desde la alta muralla.
Troya entera es testigo de su entrega, héroe de argento.
Tendido en la arena como en verano,
escucha las olas que se van apagando.
Tus ojos son parte del Egeo,
azules, manchados de oro viejo.
No querrán olvidar mi arrogancia.
Te subí en un barco sin timón,
creyéndome inmortal.
Ahí están las paredes rojizas y las tiendas de los Aqueos,
mudos testigos del final de esta guerra.
Por culpa de este griego insensato,
han venido las Parcas a recoger su cosecha.
El cuerpo que parece de trapo,
se arrastra tras el carro sangrando.
Aquiles detiene los caballos y alza su mano,
levantando la cabeza con mirada asesina, dice.
-Todo lo que aquí ocurre, lo tienes merecido.
Héctor ha caído, se oyen gritos desde la alta muralla.
Troya entera es testigo de su entrega, héroe de argento.
Tendido en la arena como en verano,
escucha las olas que se van apagando.
Tus ojos son parte del Egeo,
azules, manchados de oro viejo.
No querrán olvidar mi arrogancia.
Te subí en un barco sin timón,
creyéndome inmortal.
Ahí están las paredes rojizas y las tiendas de los Aqueos,
mudos testigos del final de esta guerra.
Por culpa de este griego insensato,
han venido las Parcas a recoger su cosecha.
El cuerpo que parece de trapo,
se arrastra tras el carro sangrando.
Aquiles detiene los caballos y alza su mano,
levantando la cabeza con mirada asesina, dice.
-Todo lo que aquí ocurre, lo tienes merecido.
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