Ezegaleon
Poeta recién llegado
Todavia nos quedan
rastros de la mañana
pegados en la piel.
Una parte del otro,
parecida al aroma de lo nuestro,
que se escurre por las manos.
Al partir, diluyéndote entre los dedos,
cada vez más pequeña,
cabrías en mi palma,
que actúa por si sola a tu lado,
y ahora se mece
en señal de despedida.
No debería acariciarte,
si no pretendo recordarte
desde lo profundo del alma.
Pero no puedo,
tu aroma y tu recuerdo se adueñan
de todas las cosas
que forman parte de la vida.
No puedo prohibirle a mi piel
sentir el sabor de la tuya.
Solo puedo olvidarte
cuando tus labios
están cerca de los míos.
Solo puedo quererte
cuando respiras al lado mío.
Solo puedo extrañarte
cuando pequeña
te haces parte del camino.
rastros de la mañana
pegados en la piel.
Una parte del otro,
parecida al aroma de lo nuestro,
que se escurre por las manos.
Al partir, diluyéndote entre los dedos,
cada vez más pequeña,
cabrías en mi palma,
que actúa por si sola a tu lado,
y ahora se mece
en señal de despedida.
No debería acariciarte,
si no pretendo recordarte
desde lo profundo del alma.
Pero no puedo,
tu aroma y tu recuerdo se adueñan
de todas las cosas
que forman parte de la vida.
No puedo prohibirle a mi piel
sentir el sabor de la tuya.
Solo puedo olvidarte
cuando tus labios
están cerca de los míos.
Solo puedo quererte
cuando respiras al lado mío.
Solo puedo extrañarte
cuando pequeña
te haces parte del camino.