El Poeta del Asfalto
Poeta adicto al portal
El Sol que hace el día
y tú, aquí debajo,
unos versos.
Difícil,
raro,
hablar con el día,
de este Sol que sus rayos clava
furioso,
asesino,
dador de vida.
Hay quien hiere y quien cura,
quien entona y quien desafina.
Quien tiene talento,
y quien se cansa de aprender lo mismo cada día.
Y van rotando esos roles.
Supongo que así debe ser
Vos seguile dando a las cuerdas de esa criolla.
Castiga Sol.
Se secan los sueños de la noche dentro de la cabeza.
Se bebe,
se camina.
Mis hermanos
Mis pobres, queridos hermanos míos.
Llenos de accesorios,
ya no cantan,
ya no ríen.
Frenéticos se pasean
esperando mensajes.
Furiosos,
bajo este Sol que nada pide.
Difícil,
raro,
regalar lo que no tienes.
Alguien,
no sabes quien,
te ha encomendado una carta verde.
Una lira,
para que crees,
entre los rayos de este Sol que se clavan
por las calles,
en la piel que comienza a secarse
de esta gente triste.
De este pueblo que ya no canta.
Yo disimularé la herida gangrenada en el pecho,
porque andan fusilando soñadores.
Vos,
dale a las cuerdas de esa criolla
hasta que de las yemas brote sangre.
Hasta que alguien más cante,
o te quedes sordo,
olvidado en la vereda,
abrazao´ a tu sombra.
(largo...¿no?)
y tú, aquí debajo,
unos versos.
Difícil,
raro,
hablar con el día,
de este Sol que sus rayos clava
furioso,
asesino,
dador de vida.
Hay quien hiere y quien cura,
quien entona y quien desafina.
Quien tiene talento,
y quien se cansa de aprender lo mismo cada día.
Y van rotando esos roles.
Supongo que así debe ser
Vos seguile dando a las cuerdas de esa criolla.
Castiga Sol.
Se secan los sueños de la noche dentro de la cabeza.
Se bebe,
se camina.
Mis hermanos
Mis pobres, queridos hermanos míos.
Llenos de accesorios,
ya no cantan,
ya no ríen.
Frenéticos se pasean
esperando mensajes.
Furiosos,
bajo este Sol que nada pide.
Difícil,
raro,
regalar lo que no tienes.
Alguien,
no sabes quien,
te ha encomendado una carta verde.
Una lira,
para que crees,
entre los rayos de este Sol que se clavan
por las calles,
en la piel que comienza a secarse
de esta gente triste.
De este pueblo que ya no canta.
Yo disimularé la herida gangrenada en el pecho,
porque andan fusilando soñadores.
Vos,
dale a las cuerdas de esa criolla
hasta que de las yemas brote sangre.
Hasta que alguien más cante,
o te quedes sordo,
olvidado en la vereda,
abrazao´ a tu sombra.
(largo...¿no?)