Cossette Andrade
Poeta recién llegado
Recuerdo sus ojos
vidriosos
como la inevitable
causalidad,
como los días
que se enferman de sombra
y esperan por la noche
para morir de una vez.
Su iris a fuego lento
encendiendo miradas al
azar,
sus brazos de malabaristas
descolgando almas desde
los más altos huecos,
pero ahora,
ella es más ceniza que
árbol.
Yo era frágil
como la mañana recién
nacida
a punto de romper en
llanto y a medio vivir,
y el mundo era el mundo:
Quien no pudiese huir de
la mandíbula del tiempo
sucumbiría en su garganta
hasta ser polvo.
Pero ella fue un perfecto
fotograma
en una calle de Managua,
paseando lejos de sí misma
y hacia mí...
y
yo
fui el Tiempo.
N.C.A
vidriosos
como la inevitable
causalidad,
como los días
que se enferman de sombra
y esperan por la noche
para morir de una vez.
Su iris a fuego lento
encendiendo miradas al
azar,
sus brazos de malabaristas
descolgando almas desde
los más altos huecos,
pero ahora,
ella es más ceniza que
árbol.
Yo era frágil
como la mañana recién
nacida
a punto de romper en
llanto y a medio vivir,
y el mundo era el mundo:
Quien no pudiese huir de
la mandíbula del tiempo
sucumbiría en su garganta
hasta ser polvo.
Pero ella fue un perfecto
fotograma
en una calle de Managua,
paseando lejos de sí misma
y hacia mí...
y
yo
fui el Tiempo.
N.C.A
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