marco cuadro
Poeta recién llegado
Sentado en el borde de mi abismo,
siento el vértigo de lo profundo,
de lo oscuro, lo temido.
Encontrarme y perderme
en lo oculto de mi vida,
de mi vacuidad, de lo impensado.
Nada me impide.
Nada me obliga.
Aferrado a todo lo conseguido
que por un segundo equilibra la balanza.
En un salto sin retorno
grita la cobardía arrepentida.
Una fuerza gigante me incita.
Si la nada viene igual a mi
sin que pueda elegir el día
y sólo queda la impotencia
de mil sueños perdidos
y lo real de no ser quien ves.
De tener mucho encerrado
sin nunca ver la luz:
El creer en lo que hubiera podido ser.
La huida para no resignar más,
para no confirmar el perder,
para no reconocerme así.
En árido gesto de fatua indolencia,
morir igual en cada día
que se transfiguró en pasado.
Esperar que el final justifique lo sentido
Encontrar el por qué
si pudo ser....no fue
siento el vértigo de lo profundo,
de lo oscuro, lo temido.
Encontrarme y perderme
en lo oculto de mi vida,
de mi vacuidad, de lo impensado.
Nada me impide.
Nada me obliga.
Aferrado a todo lo conseguido
que por un segundo equilibra la balanza.
En un salto sin retorno
grita la cobardía arrepentida.
Una fuerza gigante me incita.
Si la nada viene igual a mi
sin que pueda elegir el día
y sólo queda la impotencia
de mil sueños perdidos
y lo real de no ser quien ves.
De tener mucho encerrado
sin nunca ver la luz:
El creer en lo que hubiera podido ser.
La huida para no resignar más,
para no confirmar el perder,
para no reconocerme así.
En árido gesto de fatua indolencia,
morir igual en cada día
que se transfiguró en pasado.
Esperar que el final justifique lo sentido
Encontrar el por qué
si pudo ser....no fue
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