David Martinez Vilches
Amigo de la Poesía Clásica
Miré hacia atrás el mundo: solo ruinas,
solo restos hundidos por las eras,
que antes fueron hogares de los hombres
que con su afán tomaron todo el mundo
y contruyeron monumentos grandes
por intentar sobrevivir al tiempo.
Mas, ¡qué ingenuos que eran!, pues el tiempo
los venció, convirtiendo a viejas ruinas
sus sueños porque les venían grandes,
y con el paso cruel de varias eras
cambió de forma brusca entero el mundo,
y ya no recordaban a estos hombres.
Luego sus sustitutos, otros hombres,
con la misma intención para que el tiempo
no borrase su huella en ese mundo
ni convirtiese su invención en ruinas,
quisieron evitar las mismas eras
haciendo contra otros guerras grandes.
Pero nada servía. Y estos grandes
que destacaban, estos férreos hombres
tampoco consiguieron que las eras
perdonasen sus obras, y así el tiempo
otra vez hizo de sus frutos ruinas
y destruyó sin lástima su mundo.
Ahora nosotros, dueños de este mundo
que poseemos como aquellos grandes,
y que lo vamos transformando en ruinas,
sin pensar en que luego habrá otros hombres
que querrán disfrutarlo con el tiempo,
aunque lejanos, amos de otras eras.
Con las inexorables, duras eras
cambiará para siempre nuestro mundo,
y una vez que se pierda por el tiempo,
una vez que el futuro con sus grandes
fauces lo engulla, ¿estos nuevos hombres
nos juzgarán por estas nuestras ruinas?
Las eras harán polvo de las ruinas,
el mundo retendrá en su tierra hombres
y el tiempo borrará sus egos grandes.
solo restos hundidos por las eras,
que antes fueron hogares de los hombres
que con su afán tomaron todo el mundo
y contruyeron monumentos grandes
por intentar sobrevivir al tiempo.
Mas, ¡qué ingenuos que eran!, pues el tiempo
los venció, convirtiendo a viejas ruinas
sus sueños porque les venían grandes,
y con el paso cruel de varias eras
cambió de forma brusca entero el mundo,
y ya no recordaban a estos hombres.
Luego sus sustitutos, otros hombres,
con la misma intención para que el tiempo
no borrase su huella en ese mundo
ni convirtiese su invención en ruinas,
quisieron evitar las mismas eras
haciendo contra otros guerras grandes.
Pero nada servía. Y estos grandes
que destacaban, estos férreos hombres
tampoco consiguieron que las eras
perdonasen sus obras, y así el tiempo
otra vez hizo de sus frutos ruinas
y destruyó sin lástima su mundo.
Ahora nosotros, dueños de este mundo
que poseemos como aquellos grandes,
y que lo vamos transformando en ruinas,
sin pensar en que luego habrá otros hombres
que querrán disfrutarlo con el tiempo,
aunque lejanos, amos de otras eras.
Con las inexorables, duras eras
cambiará para siempre nuestro mundo,
y una vez que se pierda por el tiempo,
una vez que el futuro con sus grandes
fauces lo engulla, ¿estos nuevos hombres
nos juzgarán por estas nuestras ruinas?
Las eras harán polvo de las ruinas,
el mundo retendrá en su tierra hombres
y el tiempo borrará sus egos grandes.
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