Cecilia Leiva Arangua
Poeta adicto al portal
PASAJES DE LA VIDA
En una tarde de otoño,
cuando el frío era mi compañero,
tuve un sueño,
donde descubría pasajes de mi vida
que no conocía.
Me interné en las profundidades
de mi existencia,
como un explorador
me hacía camino entre el follaje
de mi inconciencia
y mi conciencia,
todo se hacía desconocido,
nunca había entrado a esos parajes.
Cuando en un instante,
en un rincón, se divisaba una silueta
que irradiaba una luz muy suave,
me acerqué y le pregunté;
¿ quién eres?
tristemente me respondió; soy tu alma,
con asombro la miré y volví a preguntar;
¿por qué tan triste y sola estas?
y con dolor me respondió;
se te olvidó que un día
enfadada me alejaste de tu vida
y quisiste llevar una existencia vacía.
La miré con sorpresa tratando de recordar
aquel momento de mi vida,
sí, tenía razón; fue en una tarde de otoño
que mi corazón se enfermó de tristeza y de dolor,
estaba enojada con el mundo y con la vida.
Le extendí mis brazos y perdón le pedí
y humildemente le dije; no sé vivir sin ti,
ella, bondadosamente su luz extendió hacia mí
y con su suave manto me envolvió.
Cuando de mi sueño volví,
supe que de verdad
había estado ahí
y que ella había vuelto a mí,
porque sentí nuevos aires en mi existir.
Y ahora,
aquí estoy
fortalecida y feliz
En una tarde de otoño,
cuando el frío era mi compañero,
tuve un sueño,
donde descubría pasajes de mi vida
que no conocía.
Me interné en las profundidades
de mi existencia,
como un explorador
me hacía camino entre el follaje
de mi inconciencia
y mi conciencia,
todo se hacía desconocido,
nunca había entrado a esos parajes.
Cuando en un instante,
en un rincón, se divisaba una silueta
que irradiaba una luz muy suave,
me acerqué y le pregunté;
¿ quién eres?
tristemente me respondió; soy tu alma,
con asombro la miré y volví a preguntar;
¿por qué tan triste y sola estas?
y con dolor me respondió;
se te olvidó que un día
enfadada me alejaste de tu vida
y quisiste llevar una existencia vacía.
La miré con sorpresa tratando de recordar
aquel momento de mi vida,
sí, tenía razón; fue en una tarde de otoño
que mi corazón se enfermó de tristeza y de dolor,
estaba enojada con el mundo y con la vida.
Le extendí mis brazos y perdón le pedí
y humildemente le dije; no sé vivir sin ti,
ella, bondadosamente su luz extendió hacia mí
y con su suave manto me envolvió.
Cuando de mi sueño volví,
supe que de verdad
había estado ahí
y que ella había vuelto a mí,
porque sentí nuevos aires en mi existir.
Y ahora,
aquí estoy
fortalecida y feliz
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