Benjamín León
Poeta recién llegado
[center:404ce493ae]Paseo en el destino
¿Quién sabe si sonó el mismo pájaro a través de nosotros ayer en el crepúsculo?
R. M. Rilke
I
Con las preguntas negras que condenó la vida
al fin de las distancias, al fin de los luceros,
se fueron nuestros pasos cerrando sin salida,
hundiéndose en los sueños de prófugos esteros.
Abrieron sus compuertas las penas sin medida,
callaron los crepúsculos y el mar con sus veleros
y fuimos día muerto de tarde entristecida
y noche acorralada perdiendo sus aleros.
Ya sé que no fue amor si no logramos vernos,
ya sé que se rompieron las voces sin estrellas,
ya sé que se murieron de frío los inviernos.
Y sé también, amor, que lento fue el destino,
dolido de colores, herido con centellas,
desnudo en el ayer que sepultó el camino.
II
Qué golpe milagroso calló sobre el destino
y ató nuestros senderos con pálidos dolores,
qué rayo de tu voz dejó muertos colores
perdiendo sus silencios al borde del camino.
Quizás se fue la edad en cada remolino
y toda salvación perdió sus resplandores
y fuimos noche ciega quemando sus temores,
bebiendo nuestra sed en sangre y luz de vino.
Mujer de gruta pura, dolor de mis sentidos,
no sé si la mañana vistió su desencanto
o fueron las raíces que el sol nos marchitaba.
No sé si en tu pincel huyeron los latidos
y todas las estrellas tardaron con su manto
negándote el amor que lejos yo te daba.
III
Si fue por ti la cálida ruptura
de cielos destinados a la muerte
al fondo de la luz, que ya sin suerte,
debió perder llorando su hermosura.
Si fue por ti la sombra en su finura
dejando su tapiz de amor inerte,
rogando que del sol un rayo injerte
un poco de calor que dé ternura.
Entonces no sabré por qué jugaron
millones de crepúsculos vencidos
atando con su lazo lo que hieren.
Quizás tan sólo fue que nos lanzaron
al lecho de la mar desvanecidos...
zurciendo con dolor días que mueren.
IV
Nos hemos despedido de todos los veranos,
así como lejanas gaviotas por el cielo,
se fueron largamente tus manos de mis manos
y el pálido calor tornó su brillo en hielo.
Y tú dónde anduviste soplando los arcanos,
qué trigo del amor cantó al sentir tu pelo,
qué bosque, qué mirar, qué azul de cielos vanos
hicieron del llorar la cruz que carga el duelo.
Mujer que no contuve, paloma sin febrero,
tal vez por ti se pierdan los lirios resignados
y rojas madrugadas te cierren mi destino.
Y yo sólo sostenga mi nicho de alfarero
con besos que el amor tildó de malgastados
y cielos y esperanzas con flores sin tu sino.
V
Entonces por los bosques cortados del olvido
marchabas tú, mujer, llevando mi moneda,
tiñendo tu silueta sin fin en la arboleda,
marcando los ramajes de todo lo perdido.
Andabas por las sendas del verde enternecido
tallando mis silencios con voz de noche y greda,
callando con tu olor la savia que se enreda
en tristes madrugadas de luz buscando el nido.
Tal vez por eso fuimos lumbrera emancipada,
lejana timidez de luna amanecida,
perfume de madera por tiempo resignado.
Y sólo nos hallamos al fin de la ensenada
atando los arbustos que desató la vida
sin más cañaveral que el verso decantado.[/center:404ce493ae]
¿Quién sabe si sonó el mismo pájaro a través de nosotros ayer en el crepúsculo?
R. M. Rilke
I
Con las preguntas negras que condenó la vida
al fin de las distancias, al fin de los luceros,
se fueron nuestros pasos cerrando sin salida,
hundiéndose en los sueños de prófugos esteros.
Abrieron sus compuertas las penas sin medida,
callaron los crepúsculos y el mar con sus veleros
y fuimos día muerto de tarde entristecida
y noche acorralada perdiendo sus aleros.
Ya sé que no fue amor si no logramos vernos,
ya sé que se rompieron las voces sin estrellas,
ya sé que se murieron de frío los inviernos.
Y sé también, amor, que lento fue el destino,
dolido de colores, herido con centellas,
desnudo en el ayer que sepultó el camino.
II
Qué golpe milagroso calló sobre el destino
y ató nuestros senderos con pálidos dolores,
qué rayo de tu voz dejó muertos colores
perdiendo sus silencios al borde del camino.
Quizás se fue la edad en cada remolino
y toda salvación perdió sus resplandores
y fuimos noche ciega quemando sus temores,
bebiendo nuestra sed en sangre y luz de vino.
Mujer de gruta pura, dolor de mis sentidos,
no sé si la mañana vistió su desencanto
o fueron las raíces que el sol nos marchitaba.
No sé si en tu pincel huyeron los latidos
y todas las estrellas tardaron con su manto
negándote el amor que lejos yo te daba.
III
Si fue por ti la cálida ruptura
de cielos destinados a la muerte
al fondo de la luz, que ya sin suerte,
debió perder llorando su hermosura.
Si fue por ti la sombra en su finura
dejando su tapiz de amor inerte,
rogando que del sol un rayo injerte
un poco de calor que dé ternura.
Entonces no sabré por qué jugaron
millones de crepúsculos vencidos
atando con su lazo lo que hieren.
Quizás tan sólo fue que nos lanzaron
al lecho de la mar desvanecidos...
zurciendo con dolor días que mueren.
IV
Nos hemos despedido de todos los veranos,
así como lejanas gaviotas por el cielo,
se fueron largamente tus manos de mis manos
y el pálido calor tornó su brillo en hielo.
Y tú dónde anduviste soplando los arcanos,
qué trigo del amor cantó al sentir tu pelo,
qué bosque, qué mirar, qué azul de cielos vanos
hicieron del llorar la cruz que carga el duelo.
Mujer que no contuve, paloma sin febrero,
tal vez por ti se pierdan los lirios resignados
y rojas madrugadas te cierren mi destino.
Y yo sólo sostenga mi nicho de alfarero
con besos que el amor tildó de malgastados
y cielos y esperanzas con flores sin tu sino.
V
Entonces por los bosques cortados del olvido
marchabas tú, mujer, llevando mi moneda,
tiñendo tu silueta sin fin en la arboleda,
marcando los ramajes de todo lo perdido.
Andabas por las sendas del verde enternecido
tallando mis silencios con voz de noche y greda,
callando con tu olor la savia que se enreda
en tristes madrugadas de luz buscando el nido.
Tal vez por eso fuimos lumbrera emancipada,
lejana timidez de luna amanecida,
perfume de madera por tiempo resignado.
Y sólo nos hallamos al fin de la ensenada
atando los arbustos que desató la vida
sin más cañaveral que el verso decantado.[/center:404ce493ae]