PASEO POR LA CIUDAD SITIADA
Como diagonales zaheridas
por la imprecisión de los cuadrados
como palabra volátil
o susurro apenas cuajado
así tu cuerpo me absorbe
en los múltiples pliegues de la noche.
Eternidad fasciculada entre intervalos de tiempo
llanto de no nacido o flor desgranada y mustia
caricias entre líneas
y fractales inmaculados
-visión de cielo entre árboles-
nacidos de caleidoscopios monocromos.
Habitante de la noche
viajero solitario en el último tranvía
rasgueador de arcos de sierra
o poeta fermentado por el odio
acompáñame en mi huida hacia lo absurdo
ella -la Muerte- me espera como una diagonal inconclusa.
Sus ojos dejan regueros de estrellas
o simples reflejos de agua
suficientes para alcanzar a los penitentes
que yacen en las trincheras del mañana
¿cuándo el ánfora y la ofrenda?
¿cuándo el caballo y la lanza?
Se cierran las calles sobre las nubes de plomo
atrapando golondrinas y palabras de enamorados
nacen espirales cárdenas
de las espigas tronchadas por las balas
-bellísimas las imágenes que destilan
las funciones integrales cuando son indefinidas-.
Todo es caos todo materia fungible o canto airado
cántame con tu voz aguardentosa
e ignorémosnos como puñales cruzados
la esperanza es un féretro común que nos contiene, amor,
y apaga los fuegos fatuos que nos nacen ya
como coronas
como alas de ángeles
como pumas enjaulados.
Es la noche y sus misterios
nacidos en la profundidad de un sótano
preñado por las máscaras vidriosas
espesura de aire asaeteado por las notas de una victrola
por las miradas lascivas de la chica del otro lado
por los ímpetus de caderas como desiertos.
Déjame, habitante de la noche
déjame acompañarte a tu viaje en el último tranvía
déjame ser tu equipaje a ningún lado.
Ilust.: "Café". George Grosz. 1919
Como diagonales zaheridas
por la imprecisión de los cuadrados
como palabra volátil
o susurro apenas cuajado
así tu cuerpo me absorbe
en los múltiples pliegues de la noche.
Eternidad fasciculada entre intervalos de tiempo
llanto de no nacido o flor desgranada y mustia
caricias entre líneas
y fractales inmaculados
-visión de cielo entre árboles-
nacidos de caleidoscopios monocromos.
Habitante de la noche
viajero solitario en el último tranvía
rasgueador de arcos de sierra
o poeta fermentado por el odio
acompáñame en mi huida hacia lo absurdo
ella -la Muerte- me espera como una diagonal inconclusa.
Sus ojos dejan regueros de estrellas
o simples reflejos de agua
suficientes para alcanzar a los penitentes
que yacen en las trincheras del mañana
¿cuándo el ánfora y la ofrenda?
¿cuándo el caballo y la lanza?
Se cierran las calles sobre las nubes de plomo
atrapando golondrinas y palabras de enamorados
nacen espirales cárdenas
de las espigas tronchadas por las balas
-bellísimas las imágenes que destilan
las funciones integrales cuando son indefinidas-.
Todo es caos todo materia fungible o canto airado
cántame con tu voz aguardentosa
e ignorémosnos como puñales cruzados
la esperanza es un féretro común que nos contiene, amor,
y apaga los fuegos fatuos que nos nacen ya
como coronas
como alas de ángeles
como pumas enjaulados.
Es la noche y sus misterios
nacidos en la profundidad de un sótano
preñado por las máscaras vidriosas
espesura de aire asaeteado por las notas de una victrola
por las miradas lascivas de la chica del otro lado
por los ímpetus de caderas como desiertos.
Déjame, habitante de la noche
déjame acompañarte a tu viaje en el último tranvía
déjame ser tu equipaje a ningún lado.
Ilust.: "Café". George Grosz. 1919