Antares
Poeta adicto al portal
Te amo, ¿lo sabes?.
Sueño con un paseo a tu lado,
tu mano en la mía a ratos.
A ratos mi mano en tu cintura,
la tuya en mi cadera.
Tus labios en los míos,
mi lengua en tu boca.
El dulce rumor del agua.
el frescor de la sombra de los árboles,
los colores otoñales de las hojas,
la sombra del observatorio.
Poco a poco, entre la arboleda
se vislumbra una forma.
Al acercarnos, se percibe bien
el estanque que la precede.
Al fondo el mural con
Acís y Galatea vigilados por
Polifemo.
Ahora, al atardecer,
mil reflejos le otorgan un embrujo especial.
Frente a ellos me abrazas
con mas fuerza y nuestras
lenguas danzan entrelazadas.
Tu urgencia clama
oprimiendo mi vientre,
la mía se percibe en tu pecho.
Avanzamos, el tráfico que en la
Rue Medicis nos asalta sin piedad.
Justo detrás de la fuente,
una buhardilla nos acoge.
Saltan las ropas de nuestros cuerpos.
Las manos tiemblan al acariciar la piel amada.
Con gran esfuerzo,
te separas un segundo.
Quieres verme,
contemplar mi cuerpo,
disfrutar de su plenitud,
de la majestuosidad,
de mi desaliñada melena,
de la visión de mis pechos voluptuosos.
La intensidad de nuestro fuego
hace que el placer estalle
en algún punto de tu interior,
avanzando devastadora por tu columna,
se descargue en mí mientras me estremezco entre tus brazos.
Mil besos y mil caricias
al sentir el disfrute casi simultáneo.
Tendidos el uno al lado del otro,
dejas resbalar tu mano por mi costado,
mientras en mi oído susurras:
“¡Te amo!”
Sueño con un paseo a tu lado,
tu mano en la mía a ratos.
A ratos mi mano en tu cintura,
la tuya en mi cadera.
Tus labios en los míos,
mi lengua en tu boca.
El dulce rumor del agua.
el frescor de la sombra de los árboles,
los colores otoñales de las hojas,
la sombra del observatorio.
Poco a poco, entre la arboleda
se vislumbra una forma.
Al acercarnos, se percibe bien
el estanque que la precede.
Al fondo el mural con
Acís y Galatea vigilados por
Polifemo.
Ahora, al atardecer,
mil reflejos le otorgan un embrujo especial.
Frente a ellos me abrazas
con mas fuerza y nuestras
lenguas danzan entrelazadas.
Tu urgencia clama
oprimiendo mi vientre,
la mía se percibe en tu pecho.
Avanzamos, el tráfico que en la
Rue Medicis nos asalta sin piedad.
Justo detrás de la fuente,
una buhardilla nos acoge.
Saltan las ropas de nuestros cuerpos.
Las manos tiemblan al acariciar la piel amada.
Con gran esfuerzo,
te separas un segundo.
Quieres verme,
contemplar mi cuerpo,
disfrutar de su plenitud,
de la majestuosidad,
de mi desaliñada melena,
de la visión de mis pechos voluptuosos.
La intensidad de nuestro fuego
hace que el placer estalle
en algún punto de tu interior,
avanzando devastadora por tu columna,
se descargue en mí mientras me estremezco entre tus brazos.
Mil besos y mil caricias
al sentir el disfrute casi simultáneo.
Tendidos el uno al lado del otro,
dejas resbalar tu mano por mi costado,
mientras en mi oído susurras:
“¡Te amo!”