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Paseo-.

BEN.

Poeta que considera el portal su segunda casa
Me gusta estar entre las acacias, tranquilo.

Soportando el frío glacial que recorre la campiña,

como un toro bravío.

Allí los números no emergen de la sola compañía,

ni de los dientes, puede esperarse más que una palabra,

que sabe rota.

Entre los olivares vacíos, y las acacias impertinentes,

más de una sombra se me ha ido, lejos de la mala muerte,

que quiebra los cristales y los deja enmudecidos.

Escarchas de enero, o de febrero, he visto palidecer

entre mis huesos, dados a crecer, como espadas entre dardos.

Y las blancas dunas, y los blandos silencios, se vieron

interrumpidos, por un sabor de presidio sano.

Buscando huellas de mi infancia, blancos atropellos

de savias instintivas, me fueron alojados en todo el cuerpo.

Y una flor, y un cabello, resistiendo el empuje de los cerdos.



®
 
Conocedor que soy de los inviernos mesetarios, en los que las escarchas y los cierzos tienen el poder de transformar el paisaje, creo amigo Ben, que tu poema ha sabido captar esa otra "superrrealidad", en la que los brillos, los vacíos, son los trasuntos desolados de esa otra realidad que tan bien sugieres. Excelentes versos, excelente creación. Mis saludos, querido amigo
miguel
 
Conocedor que soy de los inviernos mesetarios, en los que las escarchas y los cierzos tienen el poder de transformar el paisaje, creo amigo Ben, que tu poema ha sabido captar esa otra "superrrealidad", en la que los brillos, los vacíos, son los trasuntos desolados de esa otra realidad que tan bien sugieres. Excelentes versos, excelente creación. Mis saludos, querido amigo
miguel


Muchas gracias querido amigo Miguel, recibe un abrazo afectuoso!
 
Me gusta estar entre las acacias, tranquilo.

Soportando el frío glacial que recorre la campiña,

como un toro bravío.

Allí los números no emergen de la sola compañía,

ni de los dientes, puede esperarse más que una palabra,

que sabe rota.

Entre los olivares vacíos, y las acacias impertinentes,

más de una sombra se me ha ido, lejos de la mala muerte,

que quiebra los cristales y los deja enmudecidos.

Escarchas de enero, o de febrero, he visto palidecer

entre mis huesos, dados a crecer, como espadas entre dardos.

Y las blancas dunas, y los blandos silencios, se vieron

interrumpidos, por un sabor de presidio sano.

Buscando huellas de mi infancia, blancos atropellos

de savias instintivas, me fueron alojados en todo el cuerpo.

Y una flor, y un cabello, resistiendo el empuje de los cerdos.



®

Captar esencias en ese paisaje que se adapta para concretizar esa transformacion
del momento. el vacio y la desolacion sugeridas entre ese invierno que diluye
las esencias. me gusto el paseo por tus versos. intenso. saludos de luzyabsenta
 
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