Alberto Alcoventosa
Poeta adicto al portal
Cuando miro ese cuerpo tan perfecto
que, con trémulos dedos, acaricio,
siento esta gran pasión tornarse en vicio
y tomarte mi juego predilecto.
Siempre dejo volar el intelecto
hasta posarlo en tu íntimo resquicio,
cuya ausencia me sume en el suplicio
y su presencia, en sueño más dilecto.
Asomado al misterio de tus ojos,
me adentro en la espesura de tu seno,
aterrizando en esos labios rojos.
Mi insaciable deseo es un veneno,
que me arrastra hacia múltiples antojos,
a los que no consigo poner freno.
que, con trémulos dedos, acaricio,
siento esta gran pasión tornarse en vicio
y tomarte mi juego predilecto.
Siempre dejo volar el intelecto
hasta posarlo en tu íntimo resquicio,
cuya ausencia me sume en el suplicio
y su presencia, en sueño más dilecto.
Asomado al misterio de tus ojos,
me adentro en la espesura de tu seno,
aterrizando en esos labios rojos.
Mi insaciable deseo es un veneno,
que me arrastra hacia múltiples antojos,
a los que no consigo poner freno.