Ayax
Poeta que considera el portal su segunda casa
Intenso efluvio en remanso
la estepa de tu mirada;
onírica y sin confines
su horizonte de sabana
extendiste en mis pupilas
y al potro febril de mi alma,
sobre llanuras de luz,
dejaste que galopara.
La planicie de tus ojos,
erial bajo estela de alba,
entre un bosque de murmullos
labios puso a la nostalgia;
y de su voz emergieron
dulces y eróticas hadas
y sátiros diminutos
que alados las acosaban.
De pronto, fueron tus iris
destellos de piel en ansia
galopando por mis ojos
como traslúcida jaca.
En gris la tarde caía,
nuestras pupilas ancladas
eran, a un tiempo, corceles
y llano de pasión vasta.
Sobre una caricia azul
hay deseo en alborada:
rubores de plenilunio
desprenden dos dunas blancas.
Dos mariposas, de ti,
han alejado sus alas;
hoy, más allá de tus ojos,
tersa, tu estepa se alarga.
la estepa de tu mirada;
onírica y sin confines
su horizonte de sabana
extendiste en mis pupilas
y al potro febril de mi alma,
sobre llanuras de luz,
dejaste que galopara.
La planicie de tus ojos,
erial bajo estela de alba,
entre un bosque de murmullos
labios puso a la nostalgia;
y de su voz emergieron
dulces y eróticas hadas
y sátiros diminutos
que alados las acosaban.
De pronto, fueron tus iris
destellos de piel en ansia
galopando por mis ojos
como traslúcida jaca.
En gris la tarde caía,
nuestras pupilas ancladas
eran, a un tiempo, corceles
y llano de pasión vasta.
Sobre una caricia azul
hay deseo en alborada:
rubores de plenilunio
desprenden dos dunas blancas.
Dos mariposas, de ti,
han alejado sus alas;
hoy, más allá de tus ojos,
tersa, tu estepa se alarga.
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