La Sexorcisto
Lluna V. L.
A veces se necesita
parar el tiempo,
unas caricias
que te retornen
de un mundo
demasiado frustante;
rápido como una cuchilla
en el que cada dos por tres
las palabras se endemonian
y lo que crees conocer
se convierte en algo raro.
A veces se necesita ese tacto suave,
que te hace comprender
que tienes piel
y no estás automatizada,
un momento en algún rincón
donde los sentidos
no enumeran cifras vacías;
hasta recuperas el olfato
puedes oler la luz
sentir otro corazón rápido
latir contra tu pecho,
ahí sabes que merece
la pena el viaje.
parar el tiempo,
unas caricias
que te retornen
de un mundo
demasiado frustante;
rápido como una cuchilla
en el que cada dos por tres
las palabras se endemonian
y lo que crees conocer
se convierte en algo raro.
A veces se necesita ese tacto suave,
que te hace comprender
que tienes piel
y no estás automatizada,
un momento en algún rincón
donde los sentidos
no enumeran cifras vacías;
hasta recuperas el olfato
puedes oler la luz
sentir otro corazón rápido
latir contra tu pecho,
ahí sabes que merece
la pena el viaje.