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Pavesas-.

BEN.

Poeta que considera el portal su segunda casa
No importa ese labio lleno de leche que cae

entre ecos de estrella, o esas pavesas inocentes

que generan la aproximación de una avispa entorno.

No importa un alma en maquinaria febril, centelleante,

ni las ramas operadas

por médicos extraños al sentimiento.

Tampoco el cuerpo esbelto

que anida en lo alto de la noche,

ignorando la belleza de un depósito deflagrado.

Importan las hojas, el dibujo luminoso

de los álamos, o las aljibes que protestan

por contener gatos muertos.

Me importa, sí, ese ruido de ostra calamitosa

que aparece en los espacios consentidos, o la mordedura

de paloma que hace retorcerse al cuello mientras pretende

ser cálido y risueño.

El silencio que se gesta en las orillas del ruido,

en un tumulto informe de palabras, donde siempre llegan

con su ruido de cisterna mal arreglada.
 
No importa ese labio lleno de leche que cae

entre ecos de estrella, o esas pavesas inocentes

que generan la aproximación de una avispa entorno.

No importa un alma en maquinaria febril, centelleante,

ni las ramas operadas

por médicos extraños al sentimiento.

Tampoco el cuerpo esbelto

que anida en lo alto de la noche,

ignorando la belleza de un depósito deflagrado.

Importan las hojas, el dibujo luminoso

de los álamos, o las aljibes que protestan

por contener gatos muertos.

Me importa, sí, ese ruido de ostra calamitosa

que aparece en los espacios consentidos, o la mordedura

de paloma que hace retorcerse al cuello mientras pretende

ser cálido y risueño.

El silencio que se gesta en las orillas del ruido,

en un tumulto informe de palabras, donde siempre llegan

con su ruido de cisterna mal arreglada.
Estamos propensos a todo tipo de estímulos y proclives a sólo un par de salidas. Un abrazo, BEN.
 
No importa ese labio lleno de leche que cae

entre ecos de estrella, o esas pavesas inocentes

que generan la aproximación de una avispa entorno.

No importa un alma en maquinaria febril, centelleante,

ni las ramas operadas

por médicos extraños al sentimiento.

Tampoco el cuerpo esbelto

que anida en lo alto de la noche,

ignorando la belleza de un depósito deflagrado.

Importan las hojas, el dibujo luminoso

de los álamos, o las aljibes que protestan

por contener gatos muertos.

Me importa, sí, ese ruido de ostra calamitosa

que aparece en los espacios consentidos, o la mordedura

de paloma que hace retorcerse al cuello mientras pretende

ser cálido y risueño.

El silencio que se gesta en las orillas del ruido,

en un tumulto informe de palabras, donde siempre llegan

con su ruido de cisterna mal arreglada.
Quedan pocas salidas pero no importa cuando el empeño por flotar
se extiende en las formas de vida. me ha gustado. saludos de luzyabsenta
 
No importa ese labio lleno de leche que cae

entre ecos de estrella, o esas pavesas inocentes

que generan la aproximación de una avispa entorno.

No importa un alma en maquinaria febril, centelleante,

ni las ramas operadas

por médicos extraños al sentimiento.

Tampoco el cuerpo esbelto

que anida en lo alto de la noche,

ignorando la belleza de un depósito deflagrado.

Importan las hojas, el dibujo luminoso

de los álamos, o las aljibes que protestan

por contener gatos muertos.

Me importa, sí, ese ruido de ostra calamitosa

que aparece en los espacios consentidos, o la mordedura

de paloma que hace retorcerse al cuello mientras pretende

ser cálido y risueño.

El silencio que se gesta en las orillas del ruido,

en un tumulto informe de palabras, donde siempre llegan

con su ruido de cisterna mal arreglada.
Preciosas metáforas, me encantó tu entrega poeta.

Feliz de leerte.

Un abrazote
 
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