BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
No importa ese labio lleno de leche que cae
entre ecos de estrella, o esas pavesas inocentes
que generan la aproximación de una avispa entorno.
No importa un alma en maquinaria febril, centelleante,
ni las ramas operadas
por médicos extraños al sentimiento.
Tampoco el cuerpo esbelto
que anida en lo alto de la noche,
ignorando la belleza de un depósito deflagrado.
Importan las hojas, el dibujo luminoso
de los álamos, o las aljibes que protestan
por contener gatos muertos.
Me importa, sí, ese ruido de ostra calamitosa
que aparece en los espacios consentidos, o la mordedura
de paloma que hace retorcerse al cuello mientras pretende
ser cálido y risueño.
El silencio que se gesta en las orillas del ruido,
en un tumulto informe de palabras, donde siempre llegan
con su ruido de cisterna mal arreglada.
entre ecos de estrella, o esas pavesas inocentes
que generan la aproximación de una avispa entorno.
No importa un alma en maquinaria febril, centelleante,
ni las ramas operadas
por médicos extraños al sentimiento.
Tampoco el cuerpo esbelto
que anida en lo alto de la noche,
ignorando la belleza de un depósito deflagrado.
Importan las hojas, el dibujo luminoso
de los álamos, o las aljibes que protestan
por contener gatos muertos.
Me importa, sí, ese ruido de ostra calamitosa
que aparece en los espacios consentidos, o la mordedura
de paloma que hace retorcerse al cuello mientras pretende
ser cálido y risueño.
El silencio que se gesta en las orillas del ruido,
en un tumulto informe de palabras, donde siempre llegan
con su ruido de cisterna mal arreglada.