Bernard Marx
Poeta recién llegado
Hace poco traté de retomar esto de escribir y acabé escribiendo este soneto con sus correspondientes errores de métrica del que me siento francamente orgulloso, dada mi ineptitud. Aunque la poesía religiosa no esté en su punto álgido, espero que guste.
Por dormir en perfecta compañía,
tu llevadero yugo y tu carga
ligera, al pecado que me embarga
los depuse entre suma cobardía.
Reinó el gerundio de tu lejanía,
efecto del veneno que abotarga
el alma, como un vino que se amarga
hacia un sabor de muerte y de sangría.
Mientras de espino tejo una corona,
saboreo esta fruta traicionera
de la que me libraste Tú a la nona.
Cantó el gallo, cantó por vez primera
cantó la negación que me eslabona.
Cristo, no habrá segunda ni tercera.
Por dormir en perfecta compañía,
tu llevadero yugo y tu carga
ligera, al pecado que me embarga
los depuse entre suma cobardía.
Reinó el gerundio de tu lejanía,
efecto del veneno que abotarga
el alma, como un vino que se amarga
hacia un sabor de muerte y de sangría.
Mientras de espino tejo una corona,
saboreo esta fruta traicionera
de la que me libraste Tú a la nona.
Cantó el gallo, cantó por vez primera
cantó la negación que me eslabona.
Cristo, no habrá segunda ni tercera.