Loco
Poeta fiel al portal
Por las horas de la madrugada
camino entre luces de luna
secadas despacio en un invierno sin sol,
con las ojeras que le sobran al corazón,
una noche después que me clavaste un no.
Adictos del amor me guardan sitio
en un habitación de gomaespuma
cuando bajan confiados de la cordura,
con el sueño tangible de la locura
y un futuro de creyentes sin ayer,
ríen por no llorar un revés.
Penas de desamor rodando por la escalera,
olvidados besos dados cautivos,
escondidos en tu invisible frontera,
deseos en un doblado papel de fumar,
amantes vociferantes que no dicen nada,
errantes acuáticos en las Cibeles,
telarañas de cristal rotas de madrugada,
para crear en un sueño nebuloso
una noche cálida de finito verano.
Forenses de las sensaciones
diseccionan sin recato la vida,
las venas del sol abren a sangre fría
y cada amanecer es un dejavú del otro día.
El azul venoso hinchado de tus labios
se enciende fluorescente retocando
los pesares de un insulto insensato.
Los amos se asean sus manos sucias,
Pilatos modernos de la ignominia,
en un lavabo de injusticia y desencanto.
Y a los locos nos declaran cuerdos,
a las putas mujeres decentes,
damas del recato.
Lágrimas de sangre con sabor a última sonrisa
nos sirven en copas de bordes quebrados;
haciendo de nuestras sonrisas cicatrices
que nos marcan como moribundo ganado.
Cruza un taxi veloz este callejón sin salida
y la luz de nuevo está en ocupada,
verde encendida.
Labios de despida en un fila de ciegos,
mentiras de canallas nocturnos,
sujetadores que levitan en una cama de raso,
lencería que en sudor se exonera de rechazos,
surcando una pantalla mil pétalos
de ordenador que se cree viviente,
me hablan desde lo imposible.
Telarañas olvidadas en un rincón de amantes,
dan un recuerdo de hiel y melaza,
a los años tatuados con heridas
que se infectan de la desesperanza.
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