Norainu
Poeta fiel al portal
Penitencia.
Al amanecer del séptimo, vi la arena,
el dolor era seco y el calor me abrasaba.
Como te prometí,
no pude quitarme la chaqueta de hierro
ni los pantalones de fieltro.
Salió esa víbora, debajo de una piedra
y dejé que me mordiera.
Los mercaderes, en sus alfombras de cobre
se abrían en canal alrededor de una fogata.
No se morían ni de los tajos, ni del calor
y sus esclavos que odian a la luna,
apuntaban hacia arriba mostrando sus heridas.
Contenía el aliento de fuego al pasar,
un magma de admiración y de odio.
Miraban con sus ojos inescrutables
al camino de brasas para que pisara con más fuerza.
Cuando vieron que seguía caminando,
echaron sus vidas de fuego a sus espaldas.
Envenenan sus pozos y se beben el desierto
por miedo a que el sol les quite la vida.
De viento y arena señala el camino.
No pude quitarme la chaqueta de hierro ni
los pantalones de fieltro.
Como te prometí.
Al amanecer del séptimo, vi la arena,
el dolor era seco y el calor me abrasaba.
Como te prometí,
no pude quitarme la chaqueta de hierro
ni los pantalones de fieltro.
Salió esa víbora, debajo de una piedra
y dejé que me mordiera.
Los mercaderes, en sus alfombras de cobre
se abrían en canal alrededor de una fogata.
No se morían ni de los tajos, ni del calor
y sus esclavos que odian a la luna,
apuntaban hacia arriba mostrando sus heridas.
Contenía el aliento de fuego al pasar,
un magma de admiración y de odio.
Miraban con sus ojos inescrutables
al camino de brasas para que pisara con más fuerza.
Cuando vieron que seguía caminando,
echaron sus vidas de fuego a sus espaldas.
Envenenan sus pozos y se beben el desierto
por miedo a que el sol les quite la vida.
De viento y arena señala el camino.
No pude quitarme la chaqueta de hierro ni
los pantalones de fieltro.
Como te prometí.
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