PENSAMIENTO DE SEMILLAS EN CONTEMPLACIÓN
Quiebro en cegueras el pergamino,
pretexto para disgregar la cáscara
envoltura del alma que se evapora
en esencias de temor transformado.
¡Ofrecerme! Dioses del Olimpo
esa inmortalidad de las voluntades,
completo mural de instantes soñados
deslumbramiento de aventurados giros.
Pues harapiento
me deslizo, ansío la superestructura
de un tubo gris, resbaladizo y pulido
donde el éxtasis sin inspiraciones
sirva para llevar los ojos en deriva.
Pues errante
busco una semilla de paz, amor encontrado
en la generación de los alimentos del miedo
que dejan el bloque cilíndrico para ella,
niña eterna, mujer del caminante amable.
No son pasos que peregrinan, sólo corazón
que adiestra al cerebro destilando gruñidos
por ser el eterno aprendiz de la larga vida
entre las emociones nubladas de la ilusión.
Dejo el alma estremecida en laxa confusión
cuando la percepción es soledad de lamento
y quiero despertar las sedas de la tormenta
en los suaves abrazos que niegan la multitud.
Un vacío, trapecio de hechizos endurecidos
por vientos que estallan al entrar los veranos
y en las decepciones dominadas de adornos
que, anunciados, activan el humo del lamento.
Y tú, reparación de heridas, protección
de miradas virtuosas que crecen en visión;
lluvias caídas rodando alrededor de tierras,
canicas sucias y desechadas de emociones
para radiantes reflejarnos en la ejecución
de la flor que en los oídos secretos del laúd
ya se promete miel y arboledas de llantos.
Mi credo para la fantasía de las resonancias,
pensamiento de semillas en contemplación,
pues somos bordados de renovadas perlas
que se arrojan entre las manos elocuentes.
* * * * * * *
luzyabsenta
El presente poema se ejecuta entre las sensaciones de sentirse harapiento y
errante. Ejes casi sublimes para la reparación. Gracias.
Quiebro en cegueras el pergamino,
pretexto para disgregar la cáscara
envoltura del alma que se evapora
en esencias de temor transformado.
¡Ofrecerme! Dioses del Olimpo
esa inmortalidad de las voluntades,
completo mural de instantes soñados
deslumbramiento de aventurados giros.
Pues harapiento
me deslizo, ansío la superestructura
de un tubo gris, resbaladizo y pulido
donde el éxtasis sin inspiraciones
sirva para llevar los ojos en deriva.
Pues errante
busco una semilla de paz, amor encontrado
en la generación de los alimentos del miedo
que dejan el bloque cilíndrico para ella,
niña eterna, mujer del caminante amable.
No son pasos que peregrinan, sólo corazón
que adiestra al cerebro destilando gruñidos
por ser el eterno aprendiz de la larga vida
entre las emociones nubladas de la ilusión.
Dejo el alma estremecida en laxa confusión
cuando la percepción es soledad de lamento
y quiero despertar las sedas de la tormenta
en los suaves abrazos que niegan la multitud.
Un vacío, trapecio de hechizos endurecidos
por vientos que estallan al entrar los veranos
y en las decepciones dominadas de adornos
que, anunciados, activan el humo del lamento.
Y tú, reparación de heridas, protección
de miradas virtuosas que crecen en visión;
lluvias caídas rodando alrededor de tierras,
canicas sucias y desechadas de emociones
para radiantes reflejarnos en la ejecución
de la flor que en los oídos secretos del laúd
ya se promete miel y arboledas de llantos.
Mi credo para la fantasía de las resonancias,
pensamiento de semillas en contemplación,
pues somos bordados de renovadas perlas
que se arrojan entre las manos elocuentes.
* * * * * * *
luzyabsenta
El presente poema se ejecuta entre las sensaciones de sentirse harapiento y
errante. Ejes casi sublimes para la reparación. Gracias.