danie
solo un pensamiento...
Expongo la sutil audacia del tacto,
ese suave tejido
deslizándose entre los dedos
del atardecer de un domingo cualquiera
o esa alba amanecida
que declama como suya
el perfume de las carnes…
— ¿Para qué hablar tanto?
Calla y muerde ahora
o quédate por siempre con hambre —dijo el deseo.
ese suave tejido
deslizándose entre los dedos
del atardecer de un domingo cualquiera
o esa alba amanecida
que declama como suya
el perfume de las carnes…
— ¿Para qué hablar tanto?
Calla y muerde ahora
o quédate por siempre con hambre —dijo el deseo.