roberto reyes guadron
Poeta recién llegado
Nunca te he visto llorar
al final de tu destino,
pero se siente a lo lejos
tu animo extraviado,
en el elixir de las horas
que pasan y se desvanecen
como pompas de jabón.
Te desquebrajas en la aurora
princesa de la última mañana.
tu corazón palpita y desespera
en cada tarde que desciende el sol.
Te abraza la locura
de querer bajar estrellas,
de caminar sin dejar huellas
por tus mundos de inventos
y con banderas de papel.
Te desquebrajas en la tarde,
cuando la luna no te escucha,
cuando su luz se escapa
de sueño en sueño
y tu vuelves a inventar
conjunciones del verbo amar.
Te refugias en la esperanza
en los laureles de atenea
y con los secretos de eros
inventas tus galaxias
benevolentes y piadosas
mientras crece el sol
en el resplandor de Dios.
al final de tu destino,
pero se siente a lo lejos
tu animo extraviado,
en el elixir de las horas
que pasan y se desvanecen
como pompas de jabón.
Te desquebrajas en la aurora
princesa de la última mañana.
tu corazón palpita y desespera
en cada tarde que desciende el sol.
Te abraza la locura
de querer bajar estrellas,
de caminar sin dejar huellas
por tus mundos de inventos
y con banderas de papel.
Te desquebrajas en la tarde,
cuando la luna no te escucha,
cuando su luz se escapa
de sueño en sueño
y tu vuelves a inventar
conjunciones del verbo amar.
Te refugias en la esperanza
en los laureles de atenea
y con los secretos de eros
inventas tus galaxias
benevolentes y piadosas
mientras crece el sol
en el resplandor de Dios.