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Pensando en ti

Jose Anibal Ortiz Lozada

Poeta adicto al portal
Pensando en ti, la noche se desnuda,
como una flor herida por el viento,
la luna cae, la soledad me escuda,
y el alma llora su melancolía lento.

Pensando en ti, me duele la ternura,
la que dejaste en mí como un rocío,
cayó tu voz y se volvió escritura
en cada pliegue azul del pecho mío.

Tu nombre flota dentro de mis venas,
como un perfume antiguo y encendido,
y arde en mi piel con suaves azucenas,
y canta en mí lo que jamás se ha ido.

Pensando en ti, se rompen los relojes,
la vida se detiene en tu recuerdo,
y siento que los días son abrojos
si tú no estás, si tú no estás, me pierdo.

Oh, cuánto amé tu sombra en los espejos,
tu risa como un canto entre los mares,
y en mis pupilas duermen tus reflejos
como duermen las aves en los lares.

Pensando en ti, descubro los paisajes
que habitan en el hueco de tu abrazo,
y en tus silencios guardas los mensajes
que yo descifro a solas, paso a paso.

Tus manos, cuando el mundo me golpea,
son templo, son guarida, son bandera,
y en cada gesto tuyo el alma crea
la eternidad, la música sincera.

Pensando en ti, respiro tu presencia,
aunque el abismo insista en separarnos,
la vida es menos cruel con tu existencia,
y el tiempo se arrodilla por nombrarnos.

Quisiera ser la brisa que te toca,
la luz que se acomoda entre tus días,
habitar el temblor de tu boca
y hacer hogar de todas tus poesías.

Pensando en ti, yo nazco nuevamente,
pues solo en tu mirada soy quien soy,
y juro que si muero dulcemente
será porque pensándote... me voy.
 
Pensando en ti, la noche se desnuda,
como una flor herida por el viento,
la luna cae, la soledad me escuda,
y el alma llora su melancolía lento.

Pensando en ti, me duele la ternura,
la que dejaste en mí como un rocío,
cayó tu voz y se volvió escritura
en cada pliegue azul del pecho mío.

Tu nombre flota dentro de mis venas,
como un perfume antiguo y encendido,
y arde en mi piel con suaves azucenas,
y canta en mí lo que jamás se ha ido.

Pensando en ti, se rompen los relojes,
la vida se detiene en tu recuerdo,
y siento que los días son abrojos
si tú no estás, si tú no estás, me pierdo.

Oh, cuánto amé tu sombra en los espejos,
tu risa como un canto entre los mares,
y en mis pupilas duermen tus reflejos
como duermen las aves en los lares.

Pensando en ti, descubro los paisajes
que habitan en el hueco de tu abrazo,
y en tus silencios guardas los mensajes
que yo descifro a solas, paso a paso.

Tus manos, cuando el mundo me golpea,
son templo, son guarida, son bandera,
y en cada gesto tuyo el alma crea
la eternidad, la música sincera.

Pensando en ti, respiro tu presencia,
aunque el abismo insista en separarnos,
la vida es menos cruel con tu existencia,
y el tiempo se arrodilla por nombrarnos.

Quisiera ser la brisa que te toca,
la luz que se acomoda entre tus días,
habitar el temblor de tu boca
y hacer hogar de todas tus poesías.

Pensando en ti, yo nazco nuevamente,
pues solo en tu mirada soy quien soy,
y juro que si muero dulcemente
será porque pensándote... me voy.

Buenos versos nos regala amigo Anibal. Un honor llegar hasta sus letras querido amigo.
Siempre un fuerte abrazo desde los poéticos cielos de este halcón.

 
Pensando en ti, la noche se desnuda,
como una flor herida por el viento,
la luna cae, la soledad me escuda,
y el alma llora su melancolía lento.

Pensando en ti, me duele la ternura,
la que dejaste en mí como un rocío,
cayó tu voz y se volvió escritura
en cada pliegue azul del pecho mío.

Tu nombre flota dentro de mis venas,
como un perfume antiguo y encendido,
y arde en mi piel con suaves azucenas,
y canta en mí lo que jamás se ha ido.

Pensando en ti, se rompen los relojes,
la vida se detiene en tu recuerdo,
y siento que los días son abrojos
si tú no estás, si tú no estás, me pierdo.

Oh, cuánto amé tu sombra en los espejos,
tu risa como un canto entre los mares,
y en mis pupilas duermen tus reflejos
como duermen las aves en los lares.

Pensando en ti, descubro los paisajes
que habitan en el hueco de tu abrazo,
y en tus silencios guardas los mensajes
que yo descifro a solas, paso a paso.

Tus manos, cuando el mundo me golpea,
son templo, son guarida, son bandera,
y en cada gesto tuyo el alma crea
la eternidad, la música sincera.

Pensando en ti, respiro tu presencia,
aunque el abismo insista en separarnos,
la vida es menos cruel con tu existencia,
y el tiempo se arrodilla por nombrarnos.

Quisiera ser la brisa que te toca,
la luz que se acomoda entre tus días,
habitar el temblor de tu boca
y hacer hogar de todas tus poesías.

Pensando en ti, yo nazco nuevamente,
pues solo en tu mirada soy quien soy,
y juro que si muero dulcemente
será porque pensándote... me voy.
Maravilla de poema, me encantó de principio a fin. Un gusto leerte.
 
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