Pensarás, no sé,
y tal vez tengas razón, que hoy
hasta la luna tiene frío en las entrañas.
Y creerás, cómo no,
que se clavan sus reflejos mortecinos en el llanto
acuchillado de la rosa.
Te puede parecer, es posible como tal, el más en sí de los furores.
Incluso, si me miras, verás un tronco viejo
en la retina de mis días y un gorrión
anidando en sus heridas.
Mientras tanto,
no he olvidado el embargo de mi sangre
dibujada en sus labios,
y hasta es cierto, si no fuera por cobarde,
que adelantaría el vientre a la noche
una vez descarnada la vida.
Porque en ella descabezo lo vivido y ese impulso será
una escalada a tus ojos
para entrar en la creyente luz que desprende tu muerte.
y tal vez tengas razón, que hoy
hasta la luna tiene frío en las entrañas.
Y creerás, cómo no,
que se clavan sus reflejos mortecinos en el llanto
acuchillado de la rosa.
Te puede parecer, es posible como tal, el más en sí de los furores.
Incluso, si me miras, verás un tronco viejo
en la retina de mis días y un gorrión
anidando en sus heridas.
Mientras tanto,
no he olvidado el embargo de mi sangre
dibujada en sus labios,
y hasta es cierto, si no fuera por cobarde,
que adelantaría el vientre a la noche
una vez descarnada la vida.
Porque en ella descabezo lo vivido y ese impulso será
una escalada a tus ojos
para entrar en la creyente luz que desprende tu muerte.