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Pensé

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Christian
Pensé
en tinieblas sin argumento,
en los escombros de las luces,
en las derrotas certeras,
en la pequeña victoria
de un sol a la mañana.

En playas sin novios,
en espaldas con arena,
en alcoholes con noche,
en patrias sin patriotas,
en cadenas sin esclavos.

Pensé
en nosotros,
en ustedes, en vosotros,
en el latente egoísmo,
en el pésame obligado,
en ausentes despilfarros
de cordura estruendosa.

En tortugas, en liebres,
en zorros, en cuervos
y en otras moralejas,
en memorias de elefante
y en cuarteles de invierno
donde hiberna la nostalgia.

Pensé
en caramelos surtidos,
en helados y en caribes,
en remedios sin verdades,
en verdades sin otoño,
en otoños sin remedio,
y otra vez en otoños
con las hojas numeradas.

En el mes de aniversario,
en el cumpleaños
que no cumple la alegría,
en la vejez de la muerte
y en esa puta muerte
que no se muere
como si se vive la vida.

Pensé
en barcos, en distancias,
en el oleaje oculto,
en el estúpido metraje
que esconde la esperanza,
en desconsuelos, en subsuelos,
en arribos demorados.

En agujeros negros
y en cielos agujereados,
en cosas celestes
y en ojos agujereados,
en cielos negros
y en agujeros agujereados.

Pensé
en besos franceses
y en esos
con destierro asegurado,
y en que quizá
nunca vuelvan
las oscuras golondrinas.

En todas las parcelas
que vendí de la inocencia,
en todas las cuentas
que saldé con los saldos,
en todos los brazos
que compré sin abrazos,
en todos los huecos
que llené con vacío.

Pensé
en santos y en señas,
en conmemoraciones,
en antologías de reproches,
en manos de antología,
y en un lógico suicidio
de todo lo inservible.

En asaltos de pasillo,
en arrebatos de cosquillas,
en sexo de rodillas,
en amores
con ropa bien pensada
y en esa perfumada
intimidad sin ropa.

Pensé
en todo y en nada,
en ella y en nada,
pero después de todo
nada tenía sentido.
 
Última edición:
Pensé
en tinieblas sin argumento,
en los escombros de las luces,
en las derrotas certeras,
en la pequeña victoria
de un sol a la mañana.

En playas sin novios,
en espaldas con arena,
en alcoholes con noche,
en patrias sin patriotas,
en cadenas sin esclavos.

Pensé
en nosotros,
en ustedes, en vosotros,
en el latente egoísmo,
en el pésame obligado,
en ausentes despilfarros
de cordura estruendosa.

En tortugas, en liebres,
en zorros, en cuervos
y en otras moralejas,
en memorias de elefante
y en cuarteles de invierno
donde hiberna la nostalgia.

Pensé
en caramelos surtidos,
en helados y en caribes,
en remedios sin verdades,
en verdades sin otoño,
en otoños sin remedio,
y otra vez en otoños
con las hojas numeradas.

En el mes de aniversario,
en el cumpleaños
que no cumple la alegría,
en la vejez de la muerte
y en esa puta muerte
que no se muere
como si se vive la vida.

Pensé
en barcos, en distancias,
en el oleaje oculto,
en el estúpido metraje
que esconde la esperanza,
en desconsuelos, en subsuelos,
en arribos demorados.

En agujeros negros
y en cielos agujereados,
en cosas celestes
y en ojos agujereados,
en cielos negros
y en agujeros agujereados.

Pensé
en besos franceses
y en esos
con destierro asegurado,
y en que quizá
nunca vuelvan
las oscuras golondrinas.

En todas las parcelas
que vendí de la inocencia,
en todas las cuentas
que saldé con los saldos,
en todos los brazos
que compré sin abrazos,
en todos los huecos
que llené con vacío.

Pensé
en santos y en señas,
en conmemoraciones,
en antologías de reproches,
en manos de antología,
y en un lógico suicidio
de todo lo inservible.

En asaltos de pasillo,
en arrebatos de cosquillas,
en sexo de rodillas,
en amores
con ropa bien pensada
y en esa perfumada
intimidad sin ropa.

Pensé
en todo y en nada,
queriendo que al pensarlo
todo tuviera algún sentido.
Se piensa tanto y se deduce poco grato leerle saludos
 
Pensé
en tinieblas sin argumento,
en los escombros de las luces,
en las derrotas certeras,
en la pequeña victoria
de un sol a la mañana.

En playas sin novios,
en espaldas con arena,
en alcoholes con noche,
en patrias sin patriotas,
en cadenas sin esclavos.

Pensé
en nosotros,
en ustedes, en vosotros,
en el latente egoísmo,
en el pésame obligado,
en ausentes despilfarros
de cordura estruendosa.

En tortugas, en liebres,
en zorros, en cuervos
y en otras moralejas,
en memorias de elefante
y en cuarteles de invierno
donde hiberna la nostalgia.

Pensé
en caramelos surtidos,
en helados y en caribes,
en remedios sin verdades,
en verdades sin otoño,
en otoños sin remedio,
y otra vez en otoños
con las hojas numeradas.

En el mes de aniversario,
en el cumpleaños
que no cumple la alegría,
en la vejez de la muerte
y en esa puta muerte
que no se muere
como si se vive la vida.

Pensé
en barcos, en distancias,
en el oleaje oculto,
en el estúpido metraje
que esconde la esperanza,
en desconsuelos, en subsuelos,
en arribos demorados.

En agujeros negros
y en cielos agujereados,
en cosas celestes
y en ojos agujereados,
en cielos negros
y en agujeros agujereados.

Pensé
en besos franceses
y en esos
con destierro asegurado,
y en que quizá
nunca vuelvan
las oscuras golondrinas.

En todas las parcelas
que vendí de la inocencia,
en todas las cuentas
que saldé con los saldos,
en todos los brazos
que compré sin abrazos,
en todos los huecos
que llené con vacío.

Pensé
en santos y en señas,
en conmemoraciones,
en antologías de reproches,
en manos de antología,
y en un lógico suicidio
de todo lo inservible.

En asaltos de pasillo,
en arrebatos de cosquillas,
en sexo de rodillas,
en amores
con ropa bien pensada
y en esa perfumada
intimidad sin ropa.

Pensé
en todo y en nada,
queriendo que al pensarlo
todo tuviera algún sentido.

Bravo poeta, son versos con soltura y ritmo, con dirección y un estilo propio y con fuerza que atrapa.
Un beso y todas las estrellas,:::hug:::
 
Pensé
en tinieblas sin argumento,
en los escombros de las luces,
en las derrotas certeras,
en la pequeña victoria
de un sol a la mañana.

En playas sin novios,
en espaldas con arena,
en alcoholes con noche,
en patrias sin patriotas,
en cadenas sin esclavos.

Pensé
en nosotros,
en ustedes, en vosotros,
en el latente egoísmo,
en el pésame obligado,
en ausentes despilfarros
de cordura estruendosa.

En tortugas, en liebres,
en zorros, en cuervos
y en otras moralejas,
en memorias de elefante
y en cuarteles de invierno
donde hiberna la nostalgia.

Pensé
en caramelos surtidos,
en helados y en caribes,
en remedios sin verdades,
en verdades sin otoño,
en otoños sin remedio,
y otra vez en otoños
con las hojas numeradas.

En el mes de aniversario,
en el cumpleaños
que no cumple la alegría,
en la vejez de la muerte
y en esa puta muerte
que no se muere
como si se vive la vida.

Pensé
en barcos, en distancias,
en el oleaje oculto,
en el estúpido metraje
que esconde la esperanza,
en desconsuelos, en subsuelos,
en arribos demorados.

En agujeros negros
y en cielos agujereados,
en cosas celestes
y en ojos agujereados,
en cielos negros
y en agujeros agujereados.

Pensé
en besos franceses
y en esos
con destierro asegurado,
y en que quizá
nunca vuelvan
las oscuras golondrinas.

En todas las parcelas
que vendí de la inocencia,
en todas las cuentas
que saldé con los saldos,
en todos los brazos
que compré sin abrazos,
en todos los huecos
que llené con vacío.

Pensé
en santos y en señas,
en conmemoraciones,
en antologías de reproches,
en manos de antología,
y en un lógico suicidio
de todo lo inservible.

En asaltos de pasillo,
en arrebatos de cosquillas,
en sexo de rodillas,
en amores
con ropa bien pensada
y en esa perfumada
intimidad sin ropa.

Pensé
en todo y en nada,
en ella y en nada,
pero después de todo
nada tenía sentido.

Hermoso poema Christian, lleno de añoranzas y a la vez el desconcierto de la nada que se materializa en un recuerdo.
Un enorme placer leerte, un abrazo rompecostillas, beshotes

 
Pensé
en tinieblas sin argumento,
en los escombros de las luces,
en las derrotas certeras,
en la pequeña victoria
de un sol a la mañana.

En playas sin novios,
en espaldas con arena,
en alcoholes con noche,
en patrias sin patriotas,
en cadenas sin esclavos.

Pensé
en nosotros,
en ustedes, en vosotros,
en el latente egoísmo,
en el pésame obligado,
en ausentes despilfarros
de cordura estruendosa.

En tortugas, en liebres,
en zorros, en cuervos
y en otras moralejas,
en memorias de elefante
y en cuarteles de invierno
donde hiberna la nostalgia.

Pensé
en caramelos surtidos,
en helados y en caribes,
en remedios sin verdades,
en verdades sin otoño,
en otoños sin remedio,
y otra vez en otoños
con las hojas numeradas.

En el mes de aniversario,
en el cumpleaños
que no cumple la alegría,
en la vejez de la muerte
y en esa puta muerte
que no se muere
como si se vive la vida.

Pensé
en barcos, en distancias,
en el oleaje oculto,
en el estúpido metraje
que esconde la esperanza,
en desconsuelos, en subsuelos,
en arribos demorados.

En agujeros negros
y en cielos agujereados,
en cosas celestes
y en ojos agujereados,
en cielos negros
y en agujeros agujereados.

Pensé
en besos franceses
y en esos
con destierro asegurado,
y en que quizá
nunca vuelvan
las oscuras golondrinas.

En todas las parcelas
que vendí de la inocencia,
en todas las cuentas
que saldé con los saldos,
en todos los brazos
que compré sin abrazos,
en todos los huecos
que llené con vacío.

Pensé
en santos y en señas,
en conmemoraciones,
en antologías de reproches,
en manos de antología,
y en un lógico suicidio
de todo lo inservible.

En asaltos de pasillo,
en arrebatos de cosquillas,
en sexo de rodillas,
en amores
con ropa bien pensada
y en esa perfumada
intimidad sin ropa.

Pensé
en todo y en nada,
en ella y en nada,
pero después de todo
nada tenía sentido.

Brillante poeta, simplemente brillante.

Saludos
 
Suele ser así cuando una piensa, el sin sentido vence.
Pero en el caso de los Poetas, hasta eso sirve para el verso.
Gustoso de leerle, amigo.
Un abrazo.
 
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