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Pequeña ciudad de provincias

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Entre las sábanas una casa embalsamada

unas piernas insinuantes de mujer insinuada

golpean los vidrios de la ventana cegada

los atronadores ecos de las batallas lejanas


Es el mercado de esclavos

se cambian vidas por rosas

enjoyadas melodías

por doncellas abundosas


Bajan las nubes preñadas por las lluvias grises

hay que ocultar la ciudad paralizar los tranvías

si se apagan las luciérnagas se acabarán las viudas virtuosas

y los ratones que devoran bibliotecas

traducirán en espasmos los venenos de las novelas de amor


Por la alameda de cirios

avanzan hirsutos guardianes

arrancando en su desprecio

manuales charlatanes


Cómo nacen las lujurias sobre los pechos lascivos

en la ciudad ignorada entre sábanas rosadas

entre ídolos armenios todos con barbas de chivo

cómo vuelan empequeñecidos aquellos grandes oradores

que arrastraron a las masas al delirio colectivo

dejando vacías las plazas donde se celebra el mercado semanal


Pequeña ciudad sonriente de provincias

concreción mineralógica de eternidades residuales

que no encuentran acomodo en los pechos opulentos de las damas

ni en las llamas oscilantes de las lámparas votivas

allí los húsares a caballo hacen girar facistoles

asustando a los geranios floridos


En la plaza ahora desierta

restos de caza furtiva

y amores bajo el gran castaño

encuadran la perspectiva.


Imaginad la muralla que estrellaba el horizonte contra el cielo

imaginad -sólo imaginad- los vencejos que trasminan trigo y vuelos

vieja ciudad de provincias

piedra y nube

joya y sombra

mujer que se entrega

sueño ...





2003_CKS_06718_0191_000().jpg

Max Ernst. “Epifanía”. 1940
 
Bajan las nubes preñadas por las lluvias grises

hay que ocultar la ciudad paralizar los tranvías

Hemos tenido muchas de estas nubes por aquí, Poeta Miguel me quedé en su título porque siempre he vivido en
la ciudad y cuando emigramos a Estados Unidos he vivido en ciudad pero si tuviera la oportunidad viviría
en la provincia, su poema me recordo ese deseo y como siempre que lujo me doy en leerle, decir que le aprecio
es muy poco,

Abrazos de colores a su bello mundo,
 
Entre las sábanas una casa embalsamada

unas piernas insinuantes de mujer insinuada

golpean los vidrios de la ventana cegada

los atronadores ecos de las batallas lejanas


Es el mercado de esclavos

se cambian vidas por rosas

enjoyadas melodías

por doncellas abundosas


Bajan las nubes preñadas por las lluvias grises

hay que ocultar la ciudad paralizar los tranvías

si se apagan las luciérnagas se acabarán las viudas virtuosas

y los ratones que devoran bibliotecas

traducirán en espasmos los venenos de las novelas de amor


Por la alameda de cirios

avanzan hirsutos guardianes

arrancando en su desprecio

manuales charlatanes


Cómo nacen las lujurias sobre los pechos lascivos

en la ciudad ignorada entre sábanas rosadas

entre ídolos armenios todos con barbas de chivo

cómo vuelan empequeñecidos aquellos grandes oradores

que arrastraron a las masas al delirio colectivo

dejando vacías las plazas donde se celebra el mercado semanal


Pequeña ciudad sonriente de provincias

concreción mineralógica de eternidades residuales

que no encuentran acomodo en los pechos opulentos de las damas

ni en las llamas oscilantes de las lámparas votivas

allí los húsares a caballo hacen girar facistoles

asustando a los geranios floridos


En la plaza ahora desierta

restos de caza furtiva

y amores bajo el gran castaño

encuadran la perspectiva.


Imaginad la muralla que estrellaba el horizonte contra el cielo

imaginad -sólo imaginad- los vencejos que trasminan trigo y vuelos

vieja ciudad de provincias

piedra y nube

joya y sombra

mujer que se entrega

sueño ...





2003_CKS_06718_0191_000().jpg

Max Ernst. “Epifanía”. 1940

Excelente como nos dibujas con palabras, todos los trajines y paisajes de esa ciudad... realmente es de admirar tu arte con la palabra, siempre te lo digo, pero es cierto. Enhorabuena, querido amigo Miguel. Un abrazo, feliz fin de semana.
 
Buenos días desde España, Guadalupe. Quienes en algún momento hemos habitado en provincias quedamos impregnados de esa elementalidad ingenua de la vida provinciana. Aunque la vida urbanita nos impregne de esos aromas de gasolina quemada y perfumes baratos de las viandantes. Espero que esas nubes grises que citas sean reales, no metafóricas. Las reales suelen traer aguas purificadoras. Un abrazo,
miguel
 

Entre las sábanas una casa embalsamada

unas piernas insinuantes de mujer insinuada

golpean los vidrios de la ventana cegada

los atronadores ecos de las batallas lejanas


Es el mercado de esclavos

se cambian vidas por rosas

enjoyadas melodías

por doncellas abundosas


Bajan las nubes preñadas por las lluvias grises

hay que ocultar la ciudad paralizar los tranvías

si se apagan las luciérnagas se acabarán las viudas virtuosas

y los ratones que devoran bibliotecas

traducirán en espasmos los venenos de las novelas de amor


Por la alameda de cirios

avanzan hirsutos guardianes

arrancando en su desprecio

manuales charlatanes


Cómo nacen las lujurias sobre los pechos lascivos

en la ciudad ignorada entre sábanas rosadas

entre ídolos armenios todos con barbas de chivo

cómo vuelan empequeñecidos aquellos grandes oradores

que arrastraron a las masas al delirio colectivo

dejando vacías las plazas donde se celebra el mercado semanal


Pequeña ciudad sonriente de provincias

concreción mineralógica de eternidades residuales

que no encuentran acomodo en los pechos opulentos de las damas

ni en las llamas oscilantes de las lámparas votivas

allí los húsares a caballo hacen girar facistoles

asustando a los geranios floridos


En la plaza ahora desierta

restos de caza furtiva

y amores bajo el gran castaño

encuadran la perspectiva.


Imaginad la muralla que estrellaba el horizonte contra el cielo

imaginad -sólo imaginad- los vencejos que trasminan trigo y vuelos

vieja ciudad de provincias

piedra y nube

joya y sombra

mujer que se entrega

sueño ...





2003_CKS_06718_0191_000().jpg

Max Ernst. “Epifanía”. 1940


El toque que da, ver con ojos de poeta, a la luz inimaginable y de momentos que batallan por no desaparecer hasta hoy. Todo lo que hay sirve para seguir construyendo la misma ciudad.

saludos
 
Gracias, Renán. Muy inteligente tu comentario. La poesía, como material de derribo, tiene esa mítica misión de reconstruir lo que la realidad destruye. La ciudad, esa criatura en permanente transformación, es alimento del poeta. Un abrazo y sigue en tu permanente desilusión. Es muy halagadora.
miguel
 
Entre las sábanas una casa embalsamada

unas piernas insinuantes de mujer insinuada

golpean los vidrios de la ventana cegada

los atronadores ecos de las batallas lejanas


Es el mercado de esclavos

se cambian vidas por rosas

enjoyadas melodías

por doncellas abundosas


Bajan las nubes preñadas por las lluvias grises

hay que ocultar la ciudad paralizar los tranvías

si se apagan las luciérnagas se acabarán las viudas virtuosas

y los ratones que devoran bibliotecas

traducirán en espasmos los venenos de las novelas de amor


Por la alameda de cirios

avanzan hirsutos guardianes

arrancando en su desprecio

manuales charlatanes


Cómo nacen las lujurias sobre los pechos lascivos

en la ciudad ignorada entre sábanas rosadas

entre ídolos armenios todos con barbas de chivo

cómo vuelan empequeñecidos aquellos grandes oradores

que arrastraron a las masas al delirio colectivo

dejando vacías las plazas donde se celebra el mercado semanal


Pequeña ciudad sonriente de provincias

concreción mineralógica de eternidades residuales

que no encuentran acomodo en los pechos opulentos de las damas

ni en las llamas oscilantes de las lámparas votivas

allí los húsares a caballo hacen girar facistoles

asustando a los geranios floridos


En la plaza ahora desierta

restos de caza furtiva

y amores bajo el gran castaño

encuadran la perspectiva.


Imaginad la muralla que estrellaba el horizonte contra el cielo

imaginad -sólo imaginad- los vencejos que trasminan trigo y vuelos

vieja ciudad de provincias

piedra y nube

joya y sombra

mujer que se entrega

sueño ...





2003_CKS_06718_0191_000().jpg

Max Ernst. “Epifanía”. 1940

Esa ciudad siempre en construccion desde los ojos del poeta, grafismo que se
extravia y toma concienciancia de ese paisaje urbano que en momentos
queremos no imaginar. aun en esos momentos seguimos adapatandonos
a sus formas. bellissimo. saludos con afecto de luzyabsenta
 

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