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Pequeña historia sobre un pintor.

Hernan Parada

Poeta adicto al portal
Intentó colorear a su amada,
aunque sabía que los colores eran pocos.

Cogió primeramente el verde;
el verde de sus ojos
ya cansados y un poco detenidos,
para pintarle su naturaleza.

Luego, el rojo
el mismo rojo de su sangre
que no concluye entre sus venas,
para pintar su lluvia y su hermosa pena.

Con un poco de color de tierra
del camino enmudecido y polvoriento,
adecuo unos matices impresionantes
para darle tonalidad a su piel atardecida.

Intentó agarrar un poco de cielo.
Tarea no es muy fácil.
En todo caso, lo logró.
Esparció su pedacito sobre su dibujo
y el alma de pronto adquirió una coloración
transparente y delirante.

Descansó un poco,
y un suspiro lo desafió.
Salió victorioso…

Terminó su mamarracho.

Lentamente empacaba sus colores
cuando, de un momento a otro, entró ella.
(La misma a quién había dedicado
un tiempo pintando solo)

Se le murieron las manos,
y aquella tierra de octubre,
se llenó de bellos colores…

El mundo apareció.
 
Nuestro pincel , puede crear cosas maravillosas conjugadas con la luz esplendorosa ,que trae el amor a su paso!
Encantada con tus versos,
saludos.
 
Y lo real supera los imaginarios...la pintura sobrevolando en desvaríos de amor...ah, que bello.

Abrazos como estrellas para vos, Hernan. Tienes una gran obra poética y te la aplaudo.!
 
Tu poema me recuerda por momentos el mito de Pigmalión y Galatea. Me gustaron especialmente las primeras estrofas, que son de una gran belleza. Pintaste un retrato al óleo, amigo.

Saludos y estrellas, Hernán.
 
Muy buen trabajo mi amigo,te quedo muy bonita tu historia,,,un placer leerte.........:::hug:::.....Liz Retana
 
Intentó colorear a su amada,
aunque sabía que los colores eran pocos.

Cogió primeramente el verde;
el verde de sus ojos
ya cansados y un poco detenidos,
para pintarle su naturaleza.

Luego, el rojo
el mismo rojo de su sangre
que no concluye entre sus venas,
para pintar su lluvia y su hermosa pena.

Con un poco de color de tierra
del camino enmudecido y polvoriento,
adecuo unos matices impresionantes
para darle tonalidad a su piel atardecida.

Intentó agarrar un poco de cielo.
Tarea no es muy fácil.
En todo caso, lo logró.
Esparció su pedacito sobre su dibujo
y el alma de pronto adquirió una coloración
transparente y delirante.

Descansó un poco,
y un suspiro lo desafió.
Salió victorioso…

Terminó su mamarracho.

Lentamente empacaba sus colores
cuando, de un momento a otro, entró ella.
(La misma a quién había dedicado
un tiempo pintando solo)

Se le murieron las manos,
y aquella tierra de octubre,
se llenó de bellos colores…

El mundo apareció.

bella historia de encantamiento e ilusion,saludos.
 
Raúl Rouco;1766161 dijo:
Poema lleno de originalidad, bellas imágenes que casi se palpan con las manos y un final precioso. Felicitaciones por este hermoso poema, estrellas y un cordial abrazo.

Gracias Raul,

no es muy de mi estilo
pero el texto es valido...

saludos
 
Faetón;1776000 dijo:
Tu poema me recuerda por momentos el mito de Pigmalión y Galatea. Me gustaron especialmente las primeras estrofas, que son de una gran belleza. Pintaste un retrato al óleo, amigo.

Saludos y estrellas, Hernán.

honestamente no conozco aquel mito;
sin embargo es posible la similitud,
opues considero que el tema es bastante sencillo...

vale, gracias por tu comentario

saludos poeta
 

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