Hernan Parada
Poeta adicto al portal
Intentó colorear a su amada,
aunque sabía que los colores eran pocos.
Cogió primeramente el verde;
el verde de sus ojos
ya cansados y un poco detenidos,
para pintarle su naturaleza.
Luego, el rojo
el mismo rojo de su sangre
que no concluye entre sus venas,
para pintar su lluvia y su hermosa pena.
Con un poco de color de tierra
del camino enmudecido y polvoriento,
adecuo unos matices impresionantes
para darle tonalidad a su piel atardecida.
Intentó agarrar un poco de cielo.
Tarea no es muy fácil.
En todo caso, lo logró.
Esparció su pedacito sobre su dibujo
y el alma de pronto adquirió una coloración
transparente y delirante.
Descansó un poco,
y un suspiro lo desafió.
Salió victorioso
Terminó su mamarracho.
Lentamente empacaba sus colores
cuando, de un momento a otro, entró ella.
(La misma a quién había dedicado
un tiempo pintando solo)
Se le murieron las manos,
y aquella tierra de octubre,
se llenó de bellos colores
El mundo apareció.
aunque sabía que los colores eran pocos.
Cogió primeramente el verde;
el verde de sus ojos
ya cansados y un poco detenidos,
para pintarle su naturaleza.
Luego, el rojo
el mismo rojo de su sangre
que no concluye entre sus venas,
para pintar su lluvia y su hermosa pena.
Con un poco de color de tierra
del camino enmudecido y polvoriento,
adecuo unos matices impresionantes
para darle tonalidad a su piel atardecida.
Intentó agarrar un poco de cielo.
Tarea no es muy fácil.
En todo caso, lo logró.
Esparció su pedacito sobre su dibujo
y el alma de pronto adquirió una coloración
transparente y delirante.
Descansó un poco,
y un suspiro lo desafió.
Salió victorioso
Terminó su mamarracho.
Lentamente empacaba sus colores
cuando, de un momento a otro, entró ella.
(La misma a quién había dedicado
un tiempo pintando solo)
Se le murieron las manos,
y aquella tierra de octubre,
se llenó de bellos colores
El mundo apareció.
::.....Liz Retana