Andrea Ira
Poeta asiduo al portal
Se estrecharon las manos en un pacto
todos los señores ricos de un pequeño condado
bueno... nada más errado que un intercambio
se recibe menos de lo que se cree merecer
y se sufre la pérdida de lo que tiene el de al lado
Tomaron sus arpones entonces, los ladrones experimentados
su avaricia engullía lo paupérrimo del poblado
comenzaron a desbordar sus arcas y ni eso bastaba
en la cumbre de su apogeo, formaron un nuevo tratado
ahora hurtan con su sonrisas muy cerca, el bolsillo del aliado
A escondidas se burlan los taimados del famélico aldeano
que suele trabajar 25 horas para ver muerto su ganado,
vistiendo como manjar a la carne en salazón
es declarado para los lobos que el hombre no come plástico
Pero, ¿Creen que les importa lo que sepan o no los rebaños?
A. Ira
todos los señores ricos de un pequeño condado
bueno... nada más errado que un intercambio
se recibe menos de lo que se cree merecer
y se sufre la pérdida de lo que tiene el de al lado
Tomaron sus arpones entonces, los ladrones experimentados
su avaricia engullía lo paupérrimo del poblado
comenzaron a desbordar sus arcas y ni eso bastaba
en la cumbre de su apogeo, formaron un nuevo tratado
ahora hurtan con su sonrisas muy cerca, el bolsillo del aliado
A escondidas se burlan los taimados del famélico aldeano
que suele trabajar 25 horas para ver muerto su ganado,
vistiendo como manjar a la carne en salazón
es declarado para los lobos que el hombre no come plástico
Pero, ¿Creen que les importa lo que sepan o no los rebaños?
A. Ira
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