Cecilia Leiva Arangua
Poeta adicto al portal
PERDERTE
El mar de mi vida estaba en calma,
nada lo agitaba,
sólo un oleaje suave me mecía cada día,
hasta que un día, inesperadamente irrumpiste en mi vida,
el mar se agitaba con cada mirada,
el oleaje se intensificaba,
las olas en el pecho me golpeaban
y ahí estabas...
Hasta que un día entre las olas y el viento
gritos de temor se escuchaban,
todo se alteraba,
el cielo se agitaba,
las nubes se estrellaban
todo se nublaba,
era la señal de tu partida,
ya no te vería,
jamás conmigo estarías,
todo se desvanecía en tu vida y en la mía,
las olas de la vida en lágrimas se convertían
y ahí estabas
tu mirada entrelazada con la mía,
mis lágrimas lentamente se vertían,
mi pecho se agitaba,
el dolor me inundaba,
mas tu mirada me calmaba,
sentía la paz que me entregabas.
No sabía
cuanto te quería,
hasta que llegó el día
que sentí que te perdía,
que tus ojos ya no me mirarían,
que tus manos por mis mejillas no se deslizarían
como cada día.
Que intenso fue el dolor de perderte...
y aún no te tenía.
Olas que me envuelven en este mar de la vida
que me llevan en sus idas y venidas
a quererte sólo con verte.
Olas de la vida que se agolpan
y me llevan en sus aguas
a perderme en las profundidades del mar de tu vida
que por un instante en lágrimas se convertían
al sentir que te perdía
y aún no sabía cuanto te quería.
El mar de mi vida estaba en calma,
nada lo agitaba,
sólo un oleaje suave me mecía cada día,
hasta que un día, inesperadamente irrumpiste en mi vida,
el mar se agitaba con cada mirada,
el oleaje se intensificaba,
las olas en el pecho me golpeaban
y ahí estabas...
Hasta que un día entre las olas y el viento
gritos de temor se escuchaban,
todo se alteraba,
el cielo se agitaba,
las nubes se estrellaban
todo se nublaba,
era la señal de tu partida,
ya no te vería,
jamás conmigo estarías,
todo se desvanecía en tu vida y en la mía,
las olas de la vida en lágrimas se convertían
y ahí estabas
tu mirada entrelazada con la mía,
mis lágrimas lentamente se vertían,
mi pecho se agitaba,
el dolor me inundaba,
mas tu mirada me calmaba,
sentía la paz que me entregabas.
No sabía
cuanto te quería,
hasta que llegó el día
que sentí que te perdía,
que tus ojos ya no me mirarían,
que tus manos por mis mejillas no se deslizarían
como cada día.
Que intenso fue el dolor de perderte...
y aún no te tenía.
Olas que me envuelven en este mar de la vida
que me llevan en sus idas y venidas
a quererte sólo con verte.
Olas de la vida que se agolpan
y me llevan en sus aguas
a perderme en las profundidades del mar de tu vida
que por un instante en lágrimas se convertían
al sentir que te perdía
y aún no sabía cuanto te quería.