Estacas sobre el piso,
Y por sobre la flor marchita,
Que entre pétalos y espinas,
Dejaba su testimonio y caía.
La tinta que teje la pluma,
Y la tierra que le exclama
Entre silenciosos sollozos,
Y flautistas que lo tapaba.
Las notas que recorren,
Cada sonrisa, cada ilusión,
Tratando de recordar,
La rosa que la desdicha robó.
Pero nadie se atreve a llorar,
Mientras crezcan botones de rosal,
Los mismos que ahora,
Adornan como en la playa al coral.
No se escuchan las olas,
O el cantico de los iluminados,
Solo un par de silencios,
De vírgenes voces,
Dejando a la suerte fortuita del umbral.
Y la caminata que nos separa,
El silencio que con vergüenza y tristeza,
Deja un par de lamentos,
Y al viento lo besa.
Y por sobre la flor marchita,
Que entre pétalos y espinas,
Dejaba su testimonio y caía.
La tinta que teje la pluma,
Y la tierra que le exclama
Entre silenciosos sollozos,
Y flautistas que lo tapaba.
Las notas que recorren,
Cada sonrisa, cada ilusión,
Tratando de recordar,
La rosa que la desdicha robó.
Pero nadie se atreve a llorar,
Mientras crezcan botones de rosal,
Los mismos que ahora,
Adornan como en la playa al coral.
No se escuchan las olas,
O el cantico de los iluminados,
Solo un par de silencios,
De vírgenes voces,
Dejando a la suerte fortuita del umbral.
Y la caminata que nos separa,
El silencio que con vergüenza y tristeza,
Deja un par de lamentos,
Y al viento lo besa.