Neila
Poeta asiduo al portal
Poema cierre de mi poemario MUNDOLOGÍA, visible en mi página web.
Cuantas veces me he perdido en tu corazón, desgarrando todo lo que albergas en él, sin sacar nada a cambio, luchando para que mostrases tu cariño y encontrando únicamente frialdad, impune a cualquier emoción.
Y ahora soy yo quien se torna diferente, congelando mis dulces gestos, rompiendo mi sonrisa, transformando mi mirada pasional en una mirada insensible y cruel
No quiero saber más de ti, me esforcé para hacerte feliz y marcho sin saber si algún día desperté algún sentimiento en tu ser.
Y sin embargo, cuando te vi caer, negras lágrimas cubrieron mi rostro por no haber sido capaz de comprenderte, por no haber sido lo suficiente fuerte para abrir tu corazón, por abandonar sin tener en cuenta que quizás lo que te hacía seguir en pie, era yo.
Tu sangre fluyendo por el suelo, como ríos que se confunden con el gran océano que es nuestra vida, naufragando tu alma en pos de un rescate que nunca llegó por mi parte.
No puedo pedirte perdón pues tus oídos sellados ya están y sólo mis ojos pueden expresar lo que significaste para mi, arrepentida por no decirte las dos palabras que te hubiesen empujado a vivir.
Y ahora soy yo quien se torna diferente, congelando mis dulces gestos, rompiendo mi sonrisa, transformando mi mirada pasional en una mirada insensible y cruel
No quiero saber más de ti, me esforcé para hacerte feliz y marcho sin saber si algún día desperté algún sentimiento en tu ser.
Y sin embargo, cuando te vi caer, negras lágrimas cubrieron mi rostro por no haber sido capaz de comprenderte, por no haber sido lo suficiente fuerte para abrir tu corazón, por abandonar sin tener en cuenta que quizás lo que te hacía seguir en pie, era yo.
Tu sangre fluyendo por el suelo, como ríos que se confunden con el gran océano que es nuestra vida, naufragando tu alma en pos de un rescate que nunca llegó por mi parte.
No puedo pedirte perdón pues tus oídos sellados ya están y sólo mis ojos pueden expresar lo que significaste para mi, arrepentida por no decirte las dos palabras que te hubiesen empujado a vivir.