Carlos Clemente Olivares
Poeta recién llegado
Burle mis ojos con una sencilla comedia,
el bailoteo de mis globos oculares fue desenfrenado,
como una danza sagrada de sacrificio para un dios altivo.
Reí a carcajadas plenas y entre mofas y desdenes,
que desgajaban los cimientos y los muros de las andanzas,
decidí arrancar los miembros inferiores de mi cuerpo.
Y vi mi cuerpo retozar en el fango,
hundido en desespero que aturde mis sentidos
y corrí sin caminar un solo paso,
elevando mi cuerpo como un ser celeste a los cielos
y me vi en la necesidad profana de deshacerme de mis brazos.
Tome con fuerzas el cordel negro
que colgaba mórbido en frente de mis ojos
elevando mis glándulas del suelo sucio
y sin importar los impedimentos que me inundaban
implore a los ateneos sacar de mi cuerpo los ojos.
Y vi sin mirar siquiera cual era la burla que caía sobre mí
y llore tratando de lagrimear gotas de sangre,
para deshacer la ponzoña que me destruye el alma,
y el dolor que provocaba, causaba espasmos melodiosos en mi cuerpo
y grite tanto y con tal fuerza que mis oídos reventé.
Caí en desplomado movimiento
y solo oí el crujir crudo de mis huesos.
Ya revolcado en el polvoroso suelo,
decidi ponerme en pie para seguir avante,
pero caí nuevamente tropezándome con una trampa de mentiras,
arrastrándome sin tregua a través de un huerto espinado,
deglutiendo espinas que desgarraban mis penas,
y en medio de todo le pedí a Némesis coser mis labios,
y me lo concedió.
Y hable tanto y de tantas cosas
que de mi boca salieron las verdades que me oculte en la vida
y lleno de pánico por la ofensa que me proferí,
implore perdón al camposanto,
rogándole ser aceptado en el seol bajo el mausoleo
y decidí enterrar mi cuerpo 10 metros bajo tierra,
deseando no ser encontrado nunca,
pero aun así la agonía me aquejaba,
así que decidí al fin pedirle a Luzbel que apagara de mí, mi corazón,
Solo resta decir...
el bailoteo de mis globos oculares fue desenfrenado,
como una danza sagrada de sacrificio para un dios altivo.
Reí a carcajadas plenas y entre mofas y desdenes,
que desgajaban los cimientos y los muros de las andanzas,
decidí arrancar los miembros inferiores de mi cuerpo.
Y vi mi cuerpo retozar en el fango,
hundido en desespero que aturde mis sentidos
y corrí sin caminar un solo paso,
elevando mi cuerpo como un ser celeste a los cielos
y me vi en la necesidad profana de deshacerme de mis brazos.
Tome con fuerzas el cordel negro
que colgaba mórbido en frente de mis ojos
elevando mis glándulas del suelo sucio
y sin importar los impedimentos que me inundaban
implore a los ateneos sacar de mi cuerpo los ojos.
Y vi sin mirar siquiera cual era la burla que caía sobre mí
y llore tratando de lagrimear gotas de sangre,
para deshacer la ponzoña que me destruye el alma,
y el dolor que provocaba, causaba espasmos melodiosos en mi cuerpo
y grite tanto y con tal fuerza que mis oídos reventé.
Caí en desplomado movimiento
y solo oí el crujir crudo de mis huesos.
Ya revolcado en el polvoroso suelo,
decidi ponerme en pie para seguir avante,
pero caí nuevamente tropezándome con una trampa de mentiras,
arrastrándome sin tregua a través de un huerto espinado,
deglutiendo espinas que desgarraban mis penas,
y en medio de todo le pedí a Némesis coser mis labios,
y me lo concedió.
Y hable tanto y de tantas cosas
que de mi boca salieron las verdades que me oculte en la vida
y lleno de pánico por la ofensa que me proferí,
implore perdón al camposanto,
rogándole ser aceptado en el seol bajo el mausoleo
y decidí enterrar mi cuerpo 10 metros bajo tierra,
deseando no ser encontrado nunca,
pero aun así la agonía me aquejaba,
así que decidí al fin pedirle a Luzbel que apagara de mí, mi corazón,
Solo resta decir...
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