Perdimos el miedo

RAMIPOETA

– RAMIRO PONCE ”POETA RAPSODA"
PERDIMOS EL MIEDO (Soneto Alejandrino)

Sobre la orilla inquieta del caudaloso río
lavando en pocas ropas sin poses de recelo,
tu negro pelo suelto coqueteándole al cielo
yo desde mi escondite, ¡Tiritando del frío!

Tú fuiste la sirena misteriosa y valiente,
la doncella más linda que ese campo poblaba,
yo el tímido y cobarde que en silencio te amaba
el decirte ¡te amo! lo tenía pendiente

Tu cabeza en el agua si estaba cristalina,
formábase una luna de negro bien pintada,
que a los candentes rayos del sol los dominaba.

Yo bajé presuroso, pensando te ahogabas
cuando llegué a tu lado contemplabas al cielo,
te besé, me besaste, derrotamos al miedo.

Ramiro Ponce P.
 
Última edición:
PERDIMOS EL MIEDO

Sobre la orilla inquieta del caudaloso río
lavando en pocas ropas sin poses de recelo,
tu negro pelo suelto coqueteándole al suelo
yo desde mi escondite, ¡Tiritando del frío!

Tú fuiste la sirena misteriosa y valiente,
la doncella más linda que ese campo poblaba,
yo un alerce que nace con el sol del Oriente,
confundido por verte con la inmensa arbolada.

Tu cabeza en el agua si estaba cristalina,
formábase un luna de negro bien pintada,
que a los candentes rayos del sol los dominaba.

Yo bajé presuroso, pensando que te ahogabas
cuando llegué a tu lado contemplabas el cielo,
te besé, me besaste, y perdimos el miedo.

Bonito y romántico poema, con el cielo por testigo.

Un beso y mis estrellas.
 
Inmensa gratitud que hayas pasado por mi poema querida MariA.G. Tambien te envío en mi saludo, un beso y un fuerte abrazo desde Sangolquí, cerca de Quito.
 
muy bello el poema, de como saber manejar ese temor, abrazos
PERDIMOS EL MIEDO

Sobre la orilla inquieta del caudaloso río
lavando en pocas ropas sin poses de recelo,
tu negro pelo suelto coqueteándole al suelo
yo desde mi escondite, ¡Tiritando del frío!

Tú fuiste la sirena misteriosa y valiente,
la doncella más linda que ese campo poblaba,
yo un alerce que nace con el sol del Oriente,
confundido por verte con la inmensa arbolada.

Tu cabeza en el agua si estaba cristalina,
formábase un luna de negro bien pintada,
que a los candentes rayos del sol los dominaba.

Yo bajé presuroso, pensando que te ahogabas
cuando llegué a tu lado contemplabas el cielo,
te besé, me besaste, y perdimos el miedo.
 

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