PERDONA SI NO EXISTO
Perdona si no existo,
si llamas a mi puerta,
y nunca te respondo,
suplicando el albor
puro de mis caricias,
ansiando los latidos
que huyeron una tarde
de mi cautiva boca.
Perdona si en mi piel
no puedes encontrarte,
mi piel es una sombra
de aquella piel primera
que anduvo por tu sed
y en medio del camino
tropezó con tu nada.
Perdona, amor mío,
la tarde es mi tarjeta
de aromas perfumados,
que se van con el sol
a los altos confines
donde me fui muriendo
en tu fingida muerte.
Perdóname si vuelo
sin saberlo tus alas.
La luz va envejeciendo
y el tacto de tus manos
me deja indiferente,
aunque el fuego me quema
silencioso por dentro.
Elimar