El noble exordio mana de aquella boca azulada. Haciéndose transparente la Inocencia de un niño en flor. Cuando el ocaso llega, la voz de barítono hace vibrar de alegría los espíritus difusos; que contemplan desde la cúspide glaciar cómo se troncha la luna llena en una variada mar de trozos lúgubres y que se lleva a la deriva de un agujero negro las fuerzas constantes que brotan de la antigua vía láctea. Es entonces cuando se hace obscuridad total en el paraje serpentino de los cielos ya no estrellados. Pues todos los demás luceros nocturnos han caído irremediablemente, bajo la todopoderosa fuerza siderúrgica, en el vacío insondable de un pensamiento contrito. Debatiéndose éste ante la inminente muerte de todo rastro de vida que pueda coaccionar su alado sentimiento de luciferino Ser que penetra en serenidad inconsciente.