PEREGRINAJE
Ya regresan los viejos unicornios
navegando entre algas y galeones
viejos son y ahítos ya de madrugadas
unicornios desvelados en campos de podredumbre.
Ya las aguas del pantano se abren hacia la luz
y delicuescencias en rojo conforman ya los ocasos.
Las gotas de ámbar se disgregan con el chillido
de los vencejos que se hacen nube como una roca negra.
El vacío se hace casa para albergar peregrinos
tal es la fuerza de las preces que nacen de sus salmodias
casas que puntúan los caminos como árboles blanqueados
peregrinos que entonan sus cánticos a la luz bostezada de una rosa.
Entre las casas hay prados
en los prados mariposas
mariposas que devoran amapolas
amapolas como espejos o lágrimas de amor.
Ya se extendieron las nieblas que vengarán las afrentas
pútridos vahos que empañan los espejos de la infamia
y despoja de poesía a los claros de la noche
Pálida noche adornada por el bramar de las bestias y el claro sonar del pífano.
Adentrandome en tu ojo pretendo llegar hasta tu alma
tortuoso el camino que me espera y ásperas las rocas que me ofreces.
El mar embravecido aligera con sus olas
los vacíos que están lastrando mi marcha.
Habitaciones vacías son el futuro que me espera
habitaciones baratas donde los fuegos de amores mercenarios
se hacen hielo como imágenes soñadas.
Sólo exteriores tranvías se hacen eco de mis lágrimas.
Óculos sangrantes se abren en mi cerebro
dejan escapar las desvaídas emociones que allí se aduermen
pesados gusanos de plomo se arrastran tras las risas
que se escuchan bajo la lámina plateada del mar.
Una fina cuchilla de brisa ha dejado el mar como una lámina
Las torres se reflejan esperando sus cometidos de dardo
Las espumas de las olas rotas conmueven a los que esperan el mensaje.
Eterno Mediterráneo estático enviado de los dioses.
Ilust.: “El ballet de la medusas”. Ángel Fitor (fotografía)
Ya regresan los viejos unicornios
navegando entre algas y galeones
viejos son y ahítos ya de madrugadas
unicornios desvelados en campos de podredumbre.
Ya las aguas del pantano se abren hacia la luz
y delicuescencias en rojo conforman ya los ocasos.
Las gotas de ámbar se disgregan con el chillido
de los vencejos que se hacen nube como una roca negra.
El vacío se hace casa para albergar peregrinos
tal es la fuerza de las preces que nacen de sus salmodias
casas que puntúan los caminos como árboles blanqueados
peregrinos que entonan sus cánticos a la luz bostezada de una rosa.
Entre las casas hay prados
en los prados mariposas
mariposas que devoran amapolas
amapolas como espejos o lágrimas de amor.
Ya se extendieron las nieblas que vengarán las afrentas
pútridos vahos que empañan los espejos de la infamia
y despoja de poesía a los claros de la noche
Pálida noche adornada por el bramar de las bestias y el claro sonar del pífano.
Adentrandome en tu ojo pretendo llegar hasta tu alma
tortuoso el camino que me espera y ásperas las rocas que me ofreces.
El mar embravecido aligera con sus olas
los vacíos que están lastrando mi marcha.
Habitaciones vacías son el futuro que me espera
habitaciones baratas donde los fuegos de amores mercenarios
se hacen hielo como imágenes soñadas.
Sólo exteriores tranvías se hacen eco de mis lágrimas.
Óculos sangrantes se abren en mi cerebro
dejan escapar las desvaídas emociones que allí se aduermen
pesados gusanos de plomo se arrastran tras las risas
que se escuchan bajo la lámina plateada del mar.
Una fina cuchilla de brisa ha dejado el mar como una lámina
Las torres se reflejan esperando sus cometidos de dardo
Las espumas de las olas rotas conmueven a los que esperan el mensaje.
Eterno Mediterráneo estático enviado de los dioses.
Ilust.: “El ballet de la medusas”. Ángel Fitor (fotografía)