Nada Vratovic
Poeta recién llegado
Parece que se van los días, desvanecidos
en la parte más hastiada de la inmensidad.
El éter es el único dogma que me alienta,
porque estoy frente a las fauces de un mundo cerval.
Late como una musa atascada en mi garganta;
como cientos, miles de corazones hambrientos.
Ignoro a la sombra que no pertenece a nada,
pero siento cómo intenta embellecer mis huesos.
Besa mi piel hasta convertirla en fina seda;
acaricia mis muslos con susurros y silbidos.
Porque es mi propia mente, jugando a la tortura,
y la refracción colérica del romanticismo.
Si sueño y muero lentamente, envuelta en los brazos
de Eros y Thánatos, sus pulsiones barrerán
todo rastro de aberración que pueda infectarme.
La perfección sopla lejos, bajo el alquitrán,
bajo las flores pútridas y las cicatrices.
Está en todo lo que llamamos "aberración",
porque la perfección es imperfecta y brutal
y nuestra humanidad no es lo bastante feroz.
en la parte más hastiada de la inmensidad.
El éter es el único dogma que me alienta,
porque estoy frente a las fauces de un mundo cerval.
Late como una musa atascada en mi garganta;
como cientos, miles de corazones hambrientos.
Ignoro a la sombra que no pertenece a nada,
pero siento cómo intenta embellecer mis huesos.
Besa mi piel hasta convertirla en fina seda;
acaricia mis muslos con susurros y silbidos.
Porque es mi propia mente, jugando a la tortura,
y la refracción colérica del romanticismo.
Si sueño y muero lentamente, envuelta en los brazos
de Eros y Thánatos, sus pulsiones barrerán
todo rastro de aberración que pueda infectarme.
La perfección sopla lejos, bajo el alquitrán,
bajo las flores pútridas y las cicatrices.
Está en todo lo que llamamos "aberración",
porque la perfección es imperfecta y brutal
y nuestra humanidad no es lo bastante feroz.
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