Martín Enrico
Poeta recién llegado
Se reparte el guión, comienza la obra,
pero el público ya no asiste a mi derrota,
tu corazón recuerda lo que le sobra
y a mí me han asignado el papel de idiota.
En el fracaso de amarte me he embarcado,
pero el puerto se ha cerrado por cobardía,
cuando el ocaso fue a entregarte mi recado
quedó varado en tu huelga de simpatía.
Hoy se acomplejan mis miradas sin sentido,
sintiendo miedo por haber sido valientes,
ya no aconsejan las almohadas del olvido,
pero se queja el pasado aun pendiente.
Permíteme renunciar, déjame solo,
que un poema venga a decirme verdades falsas,
la bolsa del desamparo registra un alza,
el alivio quiere llegar y no tiene modo,
la ruta del no pensar ni siquiera alcanza,
la astuta voz del hablar se ha callado todo.
Conviértete en un adiós, aléjate del viento,
quisiera olvidar que olvido tu tierno rechazo,
quisiera recuperar motivos y algunos pedazos
de aquél corazón sin voz, del sueño sin aliento,
de aquél pedido de aumento de algún abrazo,
cuando tus brazos dijeron sin temor: lo siento.
Te leo donde se borran los imposibles,
te escribo en páginas blancas de un cuento ajado,
me veo cuando se esconden los irascibles
acuerdos entre el futuro, tus ojos y este pasado.
Se han tensionado mis tranquilas soledades,
como alarmándose por cierta incertidumbre,
no había pensado en irrupciones tan veniales,
ni en el absurdo de un sol que ya no alumbre.
Si tienes respuestas cállalas una por una,
es preferible un silencio a una mentira,
no está dispuesta la bondad de la fortuna
frente a lo necio de un corazón que te respira.
pero el público ya no asiste a mi derrota,
tu corazón recuerda lo que le sobra
y a mí me han asignado el papel de idiota.
En el fracaso de amarte me he embarcado,
pero el puerto se ha cerrado por cobardía,
cuando el ocaso fue a entregarte mi recado
quedó varado en tu huelga de simpatía.
Hoy se acomplejan mis miradas sin sentido,
sintiendo miedo por haber sido valientes,
ya no aconsejan las almohadas del olvido,
pero se queja el pasado aun pendiente.
Permíteme renunciar, déjame solo,
que un poema venga a decirme verdades falsas,
la bolsa del desamparo registra un alza,
el alivio quiere llegar y no tiene modo,
la ruta del no pensar ni siquiera alcanza,
la astuta voz del hablar se ha callado todo.
Conviértete en un adiós, aléjate del viento,
quisiera olvidar que olvido tu tierno rechazo,
quisiera recuperar motivos y algunos pedazos
de aquél corazón sin voz, del sueño sin aliento,
de aquél pedido de aumento de algún abrazo,
cuando tus brazos dijeron sin temor: lo siento.
Te leo donde se borran los imposibles,
te escribo en páginas blancas de un cuento ajado,
me veo cuando se esconden los irascibles
acuerdos entre el futuro, tus ojos y este pasado.
Se han tensionado mis tranquilas soledades,
como alarmándose por cierta incertidumbre,
no había pensado en irrupciones tan veniales,
ni en el absurdo de un sol que ya no alumbre.
Si tienes respuestas cállalas una por una,
es preferible un silencio a una mentira,
no está dispuesta la bondad de la fortuna
frente a lo necio de un corazón que te respira.