Extravagante
Poeta recién llegado
Nace un murmullo en la fuente dormida,
desciende entre rocas
que no saben de olvidos,
y se filtra en la tierra que guarda secretos.
Arrastra en su lecho el fulgor de mi espíritu,
y su curso vital, es crisol inmemorial,
del soplo callado de un alba labrada
que nunca he vivido.
Besas mi orilla con labios de espuma,
temblando en la brisa, tu aliento nacido,
que se extiende en la luz como un hilo dorado
y unifica el fuego, la tierra, el agua y el viento.
Su pulso es impulso de aquello que espera;
hacia aquello que nunca detiene su fuego.
Surcas los valles con fiebre callada,
y despliegas tu estela
sobre la roca que nombra su rastro.
Cuando el cielo se deshaga en su fuego
caerá sobre mi cuerpo
como un velo de ceniza,
posándose en mi piel
con caricias de agua,
un latido que es tuyo y es mío;
en esta corriente mansa e indómita
desciende entre rocas
que no saben de olvidos,
y se filtra en la tierra que guarda secretos.
Arrastra en su lecho el fulgor de mi espíritu,
y su curso vital, es crisol inmemorial,
del soplo callado de un alba labrada
que nunca he vivido.
Besas mi orilla con labios de espuma,
temblando en la brisa, tu aliento nacido,
que se extiende en la luz como un hilo dorado
y unifica el fuego, la tierra, el agua y el viento.
Su pulso es impulso de aquello que espera;
hacia aquello que nunca detiene su fuego.
Surcas los valles con fiebre callada,
y despliegas tu estela
sobre la roca que nombra su rastro.
Cuando el cielo se deshaga en su fuego
caerá sobre mi cuerpo
como un velo de ceniza,
posándose en mi piel
con caricias de agua,
un latido que es tuyo y es mío;
en esta corriente mansa e indómita
Última edición: