joseantonio
Poeta recién llegado
Nos sorprendió el amanecer,
fulgurante la brillantez del sol
y tú entre las sábanas blancas
confundiose tu cuerpo solazado.
Acaricie tú hombro suavemente,
y no contuve las ganas de besarte
a tus dulces labios los míos,
y al despertar me abrazaste con fuerza
como si en tu sueño, de mi cuerpo mi alma
se hubiera ido, y me besaste.
Tu cuerpo frágil se selló al mío,
y el calor de nuestros cuerpos encendió
el día después del alba.
Sublime y en éxtasis nos fuimos,
más allá del mero cuerpo, donde las
almas convergen en uno solo,
y así fuimos uno solo y
el día no nos tomó el tiempo y
tampoco nos dimos cuenta.
Y solamente cuando ya la exaltación
de ambos llegó a su fin, tomaron
vida nuestros cuerpos sin escrúpulos,
y un hálito reconfortante inundo el
ambiente a nuestro alrededor.
No hubo palabras, ni canto,
solo el silencio y la contemplación
de dos seres que se quieren,
ensimismados en su único Amor.
fulgurante la brillantez del sol
y tú entre las sábanas blancas
confundiose tu cuerpo solazado.
Acaricie tú hombro suavemente,
y no contuve las ganas de besarte
a tus dulces labios los míos,
y al despertar me abrazaste con fuerza
como si en tu sueño, de mi cuerpo mi alma
se hubiera ido, y me besaste.
Tu cuerpo frágil se selló al mío,
y el calor de nuestros cuerpos encendió
el día después del alba.
Sublime y en éxtasis nos fuimos,
más allá del mero cuerpo, donde las
almas convergen en uno solo,
y así fuimos uno solo y
el día no nos tomó el tiempo y
tampoco nos dimos cuenta.
Y solamente cuando ya la exaltación
de ambos llegó a su fin, tomaron
vida nuestros cuerpos sin escrúpulos,
y un hálito reconfortante inundo el
ambiente a nuestro alrededor.
No hubo palabras, ni canto,
solo el silencio y la contemplación
de dos seres que se quieren,
ensimismados en su único Amor.